El cristo que ardió en el fuego pero que no se quemo.

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Muchos de los santos y santas que se veneran en los municipios yucatecos tienen historias sorprendentes, milagrosas y hasta paranormales.

Hoy les presentó el caso del Santo Cristo de las Ampollas de la población de Ichmul, la cual pertenece al municipio de Tzucacab.

El Cristo de Ichmul y el Cristo de las Ampollas, aunque son dos Cristos diferentes físicamente, son dos imágenes de igual origen. Se cuenta que hace varios siglos indios y labriegos de Ichmul vieron arder en el cercano monte un árbol verde y frondoso sin que se consumiera.

Fueron testigos de este hecho todos los moradores de la aldea y de todos los demás lugares circunvecinos, designando la voz común al prodigioso cedro con el nombre de “árbol de luz”.

Se acordó entonces cortar el madero para hacer una imagen de la Purísima Concepción, pero un tiempo después se presentó en el lugar un peregrino, totalmente desconocido, buscando trabajo como artista escultor, del cual se sirvió inmediatamente el párroco para poner en obra la proyectada imagen, con la diferencia de que ya no fue de la Virgen, sino del Divino Crucificado la que hizo el artista por acuerdo que tuvo con el mismo párroco.

Sin herramienta alguna y en solo un día la imagen quedó terminada, el escultor desapareció sin cobrar y todos empezaron a decir que en realidad era un ángel.

El Cristo no tenía cruz, entonces los feligreses lo tomaron, armaron la cruz y lo pusieron a la veneración en el templo del pueblo de Ichmul, donde se inició su adoración.

Tuvo fama de milagroso a tal grado que convirtieron ese templo parroquial en un santuario, como si fuese de los más antiguos y célebres, y al concurrir devotos peregrinos atraídos de las diferentes regiones de la Península, aconteció que una noche, envuelta en las llamas de un violento incendio, desapareció toda la iglesia.

La poderosa acción del fuego redujo a cenizas todos los altares, retablos y ornamentos, pero la imagen milagrosa del Crucificado permaneció intacta en medio de las llamas, la pálida efigie ennegrecida y cubierta de ampollas, pero completa y perfecta, desde entonces comenzó a dársele el nombre de “Santo Cristo de las Ampollas”, tal y como hasta ahora.

Al morir el cura De la Huerta, quien era propietario de la imagen, dejó entre sus pertenencias la sagrada efigie, heredándosela a la Catedral de Mérida, donde al cabo de breve tiempo pasó en el año de 1644, traída del pueblo de Hocabá, lugar donde el cura Juan de la Huerta estaba como párroco.

En Mérida el culto se extendió por todos los rincones del Yucatán colonial, se le dedicó una capilla en la Catedral, se creó su cofradía, y para el siglo XIX, comenzaron a realizarse los gremios en su honor, que aún se conservan los gremios celebrándose en los meses de septiembre y octubre.

Por cierto, hace exactamente cien años, en el asalto sacrílego a la Catedral, el 24 de septiembre de aquel año 1915, la sagrada imagen fue arrancada de su altar, arrastrada y reducida a pedazos por una turba desenfrenada, sus pedazos fueron llevados a la comandancia militar y no se supo más de ella.

Un creyente de nombre Rafael Quintero, apenas pasada la persecución religiosa, en su primer momento, hizo restaurar la desmantelada Capilla del Cristo y mandó tallar y trajo personalmente de Querétaro, la actual imagen del Cristo de las Ampollas que se venera en la Catedral de Mérida.

La bendijo el Arzobispo Martín Tritschler y Córdova, el llamado Arzobispo Mariano, el 24 de septiembre de 1919, fecha del aniversario de la desaparición de la primera imagen.

La imagen del Santo Cristo de Ichmul, que actualmente venera el pueblo yucateco, fue un obsequio dado a la comunidad por el Arzobispo Manuel Castro Ruiz, llevada desde Mérida, en la Semana Santa de 1973, el martes 13 de abril fue bendecida la nueva imagen entronizándola en su antigua iglesia, para reponer aquella imagen original que saliera de la comunidad a mediados del siglo XVII y para propagar y conservar el culto entre los yucatecos al Cristo de las Ampollas.

La imagen del Señor de Ichmul recorrió todos los municipios de Estado, con motivo del III Sínodo Diocesano en 1992. Así, presidió la misa del Papa Juan Pablo II en su histórica visita a la capital yucateca en agosto de 1993.

En la cuaresma es dedicada una peregrinación diocesana a su santuario conservado en su humilde pueblo de Ichmul, donde en la actualidad se sigue hablando de los milagros y de aquel árbol de luz que ardió en sus montes, como un suceso que ocurrió hace unos días cuando aquello ocurrió ¡hace más de tres siglos!

anabel

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