Romasanta, el hombre lobo gallego.

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Manuel Blanco Romasanta: ‘El Hombre Lobo Gallego.
Apodado el tendero, nació en Regueiro una aldea de Esgos, provincia de Ourense. Cuando esto ocurría la aldea constaba de 15 o 20 vecinos, a pesar de existir los apellidos Blanco y Romasanta, nadie recuerda o no quieren recordar que allí nació el hombre lobo.

En su partida de nacimiento está consignado como Manuela, pues se creyó que era una niña. Era de aspecto físico normal aunque medía solo 137cm, rubio y de facciones consideradas por algunos historiadores como “tiernas”. Romasanta trabajó como sastre y era considerado inteligente y culto para la época, pues sabía leer y escribir.

Llevó una vida aparentemente corriente hasta la muerte de su mujer, en la que no tuvo participación. A partir de ese momento dejó la vida sedentaria y empezó a dedicarse a la venta ambulante, trasladándose para ello durante los primeros años por la zona de Esgos y posteriormente abarcando toda Galicia.

En el año 1843, un alguacil de León fue a embargarle por deudas contraídas de 600 reales con un comerciante de esa localidad.

El alguacil apareció muerto, acusaron a Manuel de homicidio, este huyó a Rebordechao, sería sobre el otoño de 1844. El juez lo condenó a 10 años de presidio.

Esta acusación es un tanto oscura y sin demasiado fundamento.

El señor Sardo, comerciante de León, ha dicho que Manuel Blanco, vecino de Esgos, era deudor a la casa de 600 reales, lo cual ha sido satisfecho en estos últimos años y en algunas partidas por los hermanos de Manuel que solían recorrer aquél país.

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Por toda sospecha, existe la opinión de la mujer del alguacil, al decir que Manuel y su marido habían salido juntos, y al tener noticias de que su marido había sido muerto en un descampado, sospecha de que fuese Manuel el tendero.

Hay más hechos y datos que se entremezclan. El autor de este artículo que ha leído la causa con detenimiento y contrastado las declaraciones, se atreve a decir que Manuel Blanco no asesinó al alguacil.

Con el tiempo, los lugareños empezaron a conocerlo como vendedor de un ungüento del que se decía que estaba compuesto por grasa humana, por lo que su fama se extendió rápidamente por Galicia.Por ello las autoridades -al ser informadas más adelante de los crímenes de Romasanta- iniciaron su búsqueda y posterior apresamiento en Toledo.

Su fama de asesino le llegaría con la acusación por la muerte de un alguacil cerca de Ponferrada. Tras ser condenado en rebeldía, consiguió escaparse a un refugio en el pueblo abandonado de Ermida.

Allí convivió con el ganado durante meses. Volvió a aparecer en público, esta vez en Rebordechao, mezclándose poco a poco con la población local, y estableciendo progresivamente relaciones personales, ganó en especial la confianza y amistad de las mujeres, lo que hizo que arrastrara cierta fama de “afeminado”. Llegó a desempeñar el oficio de tejedor considerado propio de las mujeres en aquella época.

Ya asentado en el pueblo es cuando comenzaron sus asesinatos, que cometía en los bosques de Redondela y Argostios. Durante años eludió a la justicia, cometiendo nueve asesinatos, siendo las víctimas siempre mujeres o niños.

Comienza a asesinar
Contaba en esta época sobre 35 años, no era mal parecido, servicial, hablador, agudo y algo amaneradillo, todo ello hacía que las mujeres no lo esquivaran y que gustosamente estuviesen a su lado.

Es muy probable que Manuel Blanco, mantuviese relaciones con algunas de las mujeres, de las que más tarde se le acusaría de darles muerte. El tendero no era mal parecido, era joven, como jóvenes eran las mujeres. Cómo sino se atreverían a poner en él confianza.

Confianza hasta tal punto de viajar a solas con él a pié, por solitarios caminos y montes durante días y confiar que él las colocase a servir en buen lugar.

Aconsejó a alguna de ellas, que vendiese lo poco que poseían, incluso él mismo llegó a comprarles algo.

Sabido es que la mayor confianza se adquiere en la intimidad, y es por tanto probable que por ello fuese el tendero ese hombre de intimidad.

Condujo a Manuela García, que tenía una hija llamada Petra, desde Rebordechao a Santander, con el fin de ponerla a servir en casa de clérigos.

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Carta de Archivo
Manuel traía cartas y noticias de Manuela y su hija, convenciendo a la hermana de Manuela, Benita para que se fuese junto a su hermana. Llevó a Benita junto con su hijo que tenía nueve años. Esto sería por el año 1847.

De ambas hermanas, son sus hijos respectivos, nada se supo ni se les volvió a ver jamás.

Nada hacía sospechar en las cartas que Manuel les traía, porque el analfabetismo en la España de esos años, estaba tan extendido como la miseria y el hambre. Manuel sabiendo leer y escribir, escribía cartas por algo de dinero a quien lo requiriese. Esta costumbre, necesidad o servicio se realizó hasta no hace muchos años. En la actualidad se acude a los abogados para la redacción de documentos, con importantes sumas de dinero en pago de este servicio.

Unos años más tarde, en 1850, llevó a Antonio Rúa, natural de Rebordechao, con su tierna hija a la que llevaba en brazos por su corta edad. Tampoco a ellas se las volvió a ver.

Esta Antonia Rúa, dejaba en el pueblo a una hija, que a la vuelta del viaje, Manuel Blanco recogió y la tuvo a su cuidado durante año y medio, cuidándola y tratándola como si fuese hija suya.

Después, en junio de 1851, la llevó junto a su madre. Tampoco a la niña volvió a verse más.

El 16 de octubre del año 1850 llevó a José N. García, que tenía 19 o 20 años de edad.

Al año siguiente, el 2 de enero de 1851 llevó a Josefa García, madre del muchacho José N. García junto a su hijo. No volvió a verse más, madre ni hijo.

Que prestigio no tendría Manuel Blanco, para la persona que no ha conocido más que el trabajo y la miseria, mayores males no podría hallarlos en otros lugares y el tendero, apodo con el que se le conocía, no le hablaba de males ni padecimientos en esas tierras, sino de riquezas y buenos dineros ganados fácilmente.

La gente no obstante, comenzó a desconfiar de Manuel el tendero, porque vendía alguna ropa de las personas que había llevado consigo.

Comenzó a decir la gente, “Que Manuel llevaba a las mujeres engañadas, que las metía en la sierra, matábalas y sacábalas el unto para venderlo en las boticas de Portugal”.

La voz comenzó a correrse, y a escondidas se le llamaba el hombre del unto.

El unto es una grasa acumulada en el vientre, esta grasa en el cerdo es muy sustanciosa utilizándose en la elaboración de caldos.

En la creencia del pueblo se estaba seguro, que en las boticas, es decir, las farmacias actuales se utilizaba para ungüentos y preparados farmacéuticos.

De niño recuerdo como los días de feria, cuando venían las gentes de las aldeas, sobre todos los chicos jóvenes, iban con terror a la farmacia y siempre acompañados.

Manuel, durante su estancia en Rebordechao, tenía gran amistad con el cura, a quién no sólo ayudaba a misa y hacía recados, sino que además le sirvió de criado.

Los vecinos declaran ante el juez, que era gran amigo del cura. El cura declara que apenas conoce a Manuel, que su trato con él era como el de con cualquier vecino.

Esto ha sido algo que no logro encajar en la causa. Tal vez el cura quería aislarse del trato con Manuel, o que debido a ser sospechoso de intentar protegerle, negase esa relación amistosa con él.

Lo cierto es que Manuel fuese por comerciar con su tienda, fuese por los comentarios que corrían, fuese porque se dirigía a la siega en Castilla, desapareció de Rebordechao.

Antes de seguir, es necesario mencionar, que más tarde le imputarán el haber dado muerte a Manuel Ferreiro, tendero ambulante como él.

Se le achaca también el intento o la intención de asesinato de Manuel Fernández, de Luis García y María García, vecinos del mismo ayuntamiento.

Manuel viéndose acosado por los rumores de las gentes. Extendido ya el apodo del hombre del unto, por creerse que asesinaba a sus víctimas con el fin de quitarles las mantecas o unto y venderlo con gran lucro en Portugal.

Consigue un pasaporte documento necesario para viajes en esa época, aún dentro del mismo territorio nacional, y se dirige a la siega a Castilla.

En el pueblo de Nombela, partido de Escalona (Toledo), estando en la siega, es reconocido por otros tres segadores vecinos suyos, que ponen en conocimiento del alcalde del lugar, lo que de Manuel se dice y se cree.

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Pasaporte
Manuel es detenido, declara llamarse Antonio Gómez, de profesión clavador de tachuelas para zapatos, que salió para Castilla el 9 de febrero de 1852, con pasaporte dado en Viana del Bollo.

Se le encontró entre sus cosas, el pasaporte, una bula papal del año 1852 a nombre de Manuel Blanco, un romance impreso de enamorados, un calendario lunar y varias cartas.

Fue conducido desde Escalona a Verín a pié, este era el medio habitual de traslado de los reos y procesados.

Del viaje nada se sabe, la distancia era enorme y brutal si se hacia forzadamente. Tampoco nada se sabe del humor de los guardias civiles que de puesto en puesto lo dejaban en manos de otros guardias para su traslado.

Llegado a Verín, es interrogado por el juez, y declara su verdadera identidad. No he podido saber si Manuel fue apaleado o torturado en su interrogatorio, la burocracia y deshumanizada frialdad de los legajos de la causa judicial, nada cuentan al respecto.

Sitúese en el año 1852, gobierna en aquél entonces la reina Isabel II.

Declara Manuel: haber asesinado a nueve personas, pero niega el haber dado muerte al alguacil de León y Manuel Ferreiro tendero ambulante como él. Niega también el intento e intención de asesinato de Manuel Fernández, de Luis García y María García y añade que además de esas 9 personas, ha dado muerte a 6 personas más y muchas otras cuyo nombre desconoce y lugar no recuerda.

La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo.

El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre.

Manuel Blanco Romasanta, CAUSA Nº 1778: CAUSA CONTRA HOMBRE LOBO, JUZGADOS DE ALLARIZ (ORENSE)

Más tarde alegaría que lo que sufría no era una maldición sino una enfermedad. Además declaró recordar todo lo sucedido una vez transformado de nuevo en ser humano, lo que fue decisivo para su sentencia.

La defensa del reo argumentó que no se podía probar un asesinato con una única confesión, aunque ésta fuera la del propio acusado. La sentencia llegaría el 6 de abril de 1853, cuando Romasanta contaba cuarenta y cuatro años: se consideró que ni estaba loco ni era idiota o maníaco, con lo que fue condenado a morir en el garrote vil y a pagar una multa de 1000 reales por víctima.

Un hipnólogo francés que había seguido el caso envió una carta al Ministro de Gracia y Justicia en la que expresaba sus dudas acerca de si Romasanta padecía o no licantropía. Aseguraba haber curado a otros pacientes con la hipnosis y pedía que, antes de ejecutarlo, le dejaran hipnotizarlo.
También solicitó la intervención de la reina Isabel II, que a su vez pidió al Tribunal Supremo que revisase el caso. Tiempo después, Isabel II firmó una orden para liberar a Romasanta de la pena capital, reduciéndose ésta a la perpetua.

Su vida dio lugar a la creación de cantares de ciego, novelas y películas.
SEGUN FACULTATIVOS
Los informes facultativos los presentan como a un hombre normal, de buen juicio, compenetración, tacto y talento natural superiores a su condición, siendo por lo tanto, responsable de todos los hechos que se le imputan. Fue condenado a muerte el día 6 de abril de 1853, pendiendo la causa de la sentencia en segunda instancia.

También intervino el profesor Phillips, un inoptizador que explicaba en Argel, LA ELECTROBIOLOGIA, el cual sostuvo que se trataba de un irresponsable, pues el podía, aplicando sus métodos, transformar en un hombre al lobo furioso, es decir, presentando los apetitos e inclinaciones de esta fiera. Manuel Blanco Romasanta, fue defendido en la Audiencia, por el abogado Rua Figueroa, este reo, no llego a ser ejecutada, no llego a pasar por el garrote vil, pues murió estando en prisión en espera del cumplimiento de sentencia, sin que en realidad se pudiera esclarecer si era un lobo o un simulador.

La psiquiatría, podría explicar la zooantropia, o el delirio del sur humano que se ve transformado en lobo, y no es tan fácil que nos explique el por que, de estas pretendidas transformaciones, en la que el lobo siempre tiene la preferencia. Esta preferencia tiene que estar escondida en ideas muy antiguas, que nos remiten a la significación del lobo en las mitologías germánicas y escandinavas, en las creencias célticas e itálicas muy primitivas.

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MÉDICO FRANCÉS

El profesor Philips, médico francés que se encontraba en Argel impartiendo conferencias y lecciones de electro-biología. Había realizado una prueba pública en un teatro ante la flor y la nata de los ciudadanos de Argel, entre los que se encontraban, médicos, profesores y el propio cónsul español.

Por medio de la hipnosis hizo creerse a un conocido joven, asaltador de caminos, naufrago, perseguido por indios, y finalmente lobo, mordiendo en un brazo a un espectador poco precavido.

Tuvo noticias el profesor Philips del caso por los periódicos, envió una carta al ministerio español, poniendo sus conocimientos al servicio de la justicia española, con el fin de evitar por un error científico, llevar a la muerte a Manuel Blanco. Servicios, cuyos gastos, el profesor estaba dispuesto a pagar de su propio bolsillo.

No se le hizo demasiado caso, aunque si armó el revuelo suficiente para que la reina Isabel II tomase cartas en el asunto.

CONMUTADA LA PENA

A pesar de todo, Manuel Blanco Romasanta, apodado el tendero, conocido como el hombre del unto y llamado el hombre lobo, fue condenado a muerte en garrote en el Juzgado de Allariz y ratificado por el Juzgado de La Coruña.

A la reina Isabel II, se le enviaron cartas de suplica para conmutarle la pena capital. Y así el 13 de mayo de 1854 se recibió una real orden de conmutación de la pena de muerte por la perpetua.

Manuel Blanco Romasanta, asesinó transformado en lobo. Los jueces, lo juzgaron como hombre. Si no se creen sus palabras, si se le cree mentiroso y embustero, no deben creerse tampoco ninguna de sus declaraciones. ¿Por qué le creyeron tan solo aquello que convenía para condenarle?.

Fue sometido a prisión perpetua en el castillo de San Antón en La Coruña, muriendo a los dos años de haber ingresa en aquél infierno.

El régimen penitenciario de aquella época era terriblemente duro, basta decir, que las celdas de castigo eran inundadas por el agua al subir la marea, una marea un poco más viva podría ahogar al prisionero.

El hombre lobo, había muerto dejando tras de sí el enigma de sus palabras, de su comportamiento y de sus actos.

Hipótesis sobre su muerte
Hasta el 2009 se creía que Romasanta había muerto en 1854, después en la prisión de Allariz en la que cumplía condena.
El 30 de mayo de 2009, en un documental de TVG Europa se sopesaba la posibilidad de que hubiera muerto en otro lugar y se apuntaba al castillo de San Antón (La Coruña).
En 2011 en las Xornadas Manuel Blanco Romasanta celebradas en Allariz a finales de octubre los investigadores orensanos Cástor y Félix Castro Vicente presentaron pruebas (diversos recortes de prensa de la época) que aseguraban que Romasanta falleció en una cárcel de Ceuta de un cáncer de estómago en 1863. Su relatorio con las referencias a las pruebas sobre el fin de Manuel Blanco Romasanta está publicado en su página “Música Rabeosa”
Retratos en la cultura popular
En El bosque del lobo (1970), el director Pedro Olea explicaba la historia de un asesino similar a Romasanta, llamado Benito Freire e interpretado por José Luis López Vázquez.
En Romasanta. La caza de la bestia (2003), el director español Paco Plaza llevaba a la pantalla una versión del mito de Romasanta.
Prensa

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Año 2009 La Voz de Galicia:
hallazgo Hallados los restos de dos víctimas del lobishome Romasanta
Los expertos creen que se trata de Benita García y su hijo, asesinados en 1847

Más de cien años después, no todo está dicho aún acerca de Manuel Blanco Romasanta, el lobishome de Allariz. En Newbery, estado norteamericano de Míchigan, se halla la Fundación Lycan, dedicada a estudiar los casos de licantropía del mundo. Uno de sus proyectos es el del Sacamanteigas de Ourense. El antropólogo Ivort Macsaw localizó en esta provincia dos esqueletos que, según dice, pertenecen a personas asesinadas por Romasanta a mediados del siglo XI X.

Los restos estaban inhumados en un terreno del municipio de Castrelo de Val, próximo al límite con Laza, según Macsaw. La mujer sería Benita García Blanco, de 34 años, y el varón, su hijo Francisco, de 10 años, dos de las víctimas de Romasanta. Ivort Macsaw estudió el terreno durante dos años. Recorrió los lugares por los que pasaba Romasanta y leyó todo cuanto sobre este hombre se publicó. Señala que esas dos víctimas «fueron ejecutadas con prácticas muy violentas, el 13 de marzo de 1847». Los restos óseos fueron analizados por forenses de la Universidad de Míchigan, que certificaron que «presentan deformaciones debido al canibalismo practicado sobre ellas por el asesino Romasanta». El resultado confirma la declaración del licántropo tal como la contó en la Audiencia de A Coruña en julio de 1853. Este hombre padecía un trastorno mental que hacía que confundiera su identidad con la de un lobo. El 9 de noviembre de 1853 fue condenado como autor de nueve asesinatos. Aunque declaró que había cometido trece, la justicia solamente consideró probados nueve.

El alguacil de León

Ivort Macsaw mantiene que Romasanta recorrió lugares para cometer sus crímenes incluso fuera de Galicia. Así, señala que estuvo en el monasterio de Carracedo, en el Bierzo, preso en la Cárcel da Coroa de Ourense y se dejó ver en el Balneario de Caldeliñas (Verín). «Todos estos datos forman parte del descubrimiento, que se convierte en un hallazgo arqueológico e histórico de primera magnitud», señalan los responsables de la fundación, que esperan seguir dando luz sobre este caso.

Ahora tratan de localizar los restos de otro desaparecido, el alguacil de León, que pueden estar en algún lugar de la comarca berciana. El antropólogo Ivort Macsaw consultó -según explica- «

desde los libros que se editaron hasta los artículos de la prensa inglesa, francesa o argelina que recogieron el caso en la época». Añade que no es fácil separar la leyenda de los hechos reales, como tampoco es sencillo reconstruir el caso por «el poco interés que la justicia de la época mostró en esclarecerlo». La Fundación Lycan envió a Macsaw a comprobar los datos disponibles. Le ha sido útil estudiar la cartografía y la medición de los tiempos, «extrapolando las fechas que Romasanta confesó a la justicia con los datos que extraje de mapas. A mediados de 1800 los caminos ourensanos no discurrían por donde lo hacen hoy, las líneas que delimitan los municipios eran distintas y no había embalses -dice Macsaw- . Ha sido importante descubrir los documentos de un anticuario de Verín. En el registro de entrada del balneario de Caldeliñas comprobé cómo Romasanta se registraba en fechas coincidentes con las que dijo haber cometido los asesinatos. Los crímenes no deberían cometerse lejos de allí».

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Fuentes: Wikipedia, NuevasTentativas1, LaRioja, LaVozdeGalicia.
Cordobess@

anabel

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