Los pies de loto

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Un tortuoso estereotipo de belleza, vinculado al estatus social y el atractivo físico, se mantuvo por más de 1.000 años en China. Se trata del Pie de Loto, un fetiche que comenzó el siglo X y terminó a mediados del XX, 
causando graves daños a millones de mujeres.

Pero, ¿en qué consistía esta tradición? Como en la antigua china, los pies pequeños eran considerados un símbolo de belleza, era habitual que se vendaran los pies de las niñas a temprana edad, con el fin de impedir que éstos crecieran. De hecho, el tamaño ideal, conocido como “loto dorado”, era de sólo 7 centímetros.

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Existen diversas teorías respecto al origen de esta cuestionada práctica, pero la más aceptada da cuenta que nació en Nanjing entre los años 937 y 975 al alero de la dinastía Song, donde las bailarinas de pies pequeños eran admiradas.

Como esto causaba una deformidad tal que impedía el normal desplazamiento o realizar tareas pesadas, esta tradición en un primer momento sólo se implementaba en chicas de la élite, quienes no llevaban a cabo labores domésticas ni trabajaban, al contrario de las féminas de clases más modestas, tal como consignó un artículo de la cadena británica BBC. Además, para los hombres era un orgullo que su mujer tuviera pies de loto, porque significaba que tenía el suficiente dinero para mantenerla.

Pero más adelante, hacia el siglo XIX, familias con menos recursos comenzaron a sumarse a la tendencia, con el fin de subir unos peldaños en la escala social. La costumbre era vendar los pies de la hija mayor para que así pudiera encontrar un marido adinerado que sacara a la familia de la pobreza. No se hacía lo mismo con las hijas menores, porque éstas debían dedicarse a trabajar y colaborar con las tareas del hogar.

Se cree que alrededor del 50% de la población femenina china tenía pies de loto en el siglo XIX.

Para celebrar el “orgullo” de tener pies de loto, se fabricaban hermosos zapatos de seda, que permitían a las mujeres caminar de una forma muy particular, que era vista como señal de alta alcurnia y sensualidad. Pero para moverse con los pies así, las chicas tenían que luchar por mantener el equilibrio.

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Según el libro Splendid Slippers: A Thousand Years of an Erotic Tradition (Zapatillas espléndidas: Mil años de una tradición erótica) de Beverley Jackson, los hombres muy rara vez veían un pie sin el vendaje, lo que le añadía un componente “erótico”.

“Él podría conocer cualquier otra parte del cuerpo de la mujer, incluyendo los genitales. Su cuerpo (el de las mujeres) era muy real para él, pero los pies, que estaban envueltos, eran literalmente, un misterio”, señala el autor en la publicación.

En la actualidad aún quedan algunas pocas mujeres con sus pies deformados producto de esta práctica e incluso hay familias que se sienten orgullosas de haber tenido familiares con pies vendados, porque para ellos es sinónimo de que tuvieron un buen pasar.

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Brutal deformación del pie

Según el libro de Beverley Jackson, el vendado comenzaba cuando las niñas tenían entre 2 y 7 años y comúnmente en invierno, ya que en esta época del año los pies estaban mucho más fríos y por lo mismo, estaban menos sensibles al dolor.

Este proceso enormemente doloroso se realizaba a este edad porque el pie se podía amoldar mejor al no estar completamente desarrollado.

Para ablandar los pies, antes de vendarlos se sumergían en una solución que tenía agua de hierbas y sangre animal caliente. Enseguida, se cortaban las uñas para evitar rasguños. Luego, se ponían las vendas -sumergidas en la misma mezcla- doblando los dedos con fuerza hacia la planta.

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Gráfica deformación del pie

En ese momento, tanto los dedos como el arco se fracturaban y apretaban poniendo una venda encima de otra.

De acuerdo al libro The Lotus Lovers: The Complete History of the Curious Erotic Tradition of Foot Binding in China (Amantes del Loto: La historia completa de la curiosa tradición erótica del vendado de pies en China), de Howard Levy, cada cierto tiempo los pies de las niñas eran desvendados para verificar que no tuviesen heridas y también para cortar las uñas y masajearlos con el fin de que se suavizaran. Si había tejido muerto, los pies se sumergían en una mezcla para que éste se desprendiera.

Tras acabar este proceso, el pie se volvía a vendar. Y así, la acción se repetía varias veces a la semana. Con el tiempo los huesos quebrados de los pies se comenzaban a reparar, pero quedaban propensos a fracturas. Además el caminar inestable hacía que las mujeres se cayeran con facilidad y sufrieran más lesiones.

Un estudio al respecto publicado en la revista académica American Journal of Public Health indica que las infecciones eran comunes en las niñas con pie de loto, debido a que las uñas se encarnaban y provocaban heridas.

Asimismo, como el vendaje estaba tan apretado, la circulación de la sangre también se veía dificultada, por lo que no era raro que se produjera necrosis y en algunos casos incluso se perdieran dedos. Pero cuando esto pasaba, se consideraba algo bueno, porque se facilitaba la postura del vendaje y el pie se veía más chico. Incluso, algunos dejaban heridas sin curar a propósito en los dedos de las niñas para facilitar la muerte de los tejidos.

Pero muchas veces estas infecciones empeoraban y algunas menores morían por septicemia.

El fetichismo, la zoofilia o la necrofilia son algunas de las perversiones sexuales que practicaba, y practica, el ser humano. El fetichismo, generalmente relacionado con el cuerpo humano, se centra en el interés en los zapatos, los pies, el pelo e incluso la orina o los cuerpos en descomposición. En la China antigua hubo algunos hombres que quedaron prendados de los botines o de los pies de sus parejas hasta el punto de perder la razón. La práctica de los pies vendados -llamados pies de loto- afectó a un gran número de mujeres y fue una de las principales vejaciones sexuales a las que fueron sometidas ya que estaba en estrecha relación con el deseo sexual masculino y la forma de satisfacerlo.

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Se dice que el emperador Li Yu de la dinastía Tang (618–907), tenía en palacio una cortesana muy bella que destacaba en el arte del baile. Li Yu le pidió que moldeara una flor de loto de oro de seis pies de alto (1,828 m.), adornada con joyas y perlas y ordenó a la cortesana que vendase sus pies, para que adoptasen la curvatura de la luna nueva, y bailase sobre la gran flor de loto. Al hacerlo, el emperador se enamoró locamente de ella y todas las mujeres del palacio quisieron imitarla, práctica que se extendió entre las clases populares. Con la dinastía Song (960–1279) se generalizó de tal manera que las mujeres sentían vergüenza de sus pies grandes. Las cantantes de las casas públicas tenían que someterse a cuatro exigencias: los pies vendados, el canto, el laúd y el baile; convirtiéndose la práctica en un criterio de selección y belleza en la época.

Durante la dinastía Ming (1368-1644), la moda alcanzó su punto álgido y todas las cortesanas lo hacían para seducir a los hombres. Sin embargo, durante la dinastía Qing (1644-1911) los primeros dirigentes consideraron la práctica de pies vendados una costumbre en desuso. El emperador Shunzi promulgó un decreto que prohibía dicha práctica y el emperador Kangxi castigó a los padres de aquellas que infringían la ley. Pero no fueron medidas suficientes, y la práctica reapareció incluso en mujeres manchúes. Durante el emperador Qianlong se reprimió duramente a las mujeres manchúes que se vendaban los pies, lo que no impidió que las mujeres de etnia han siguiesen haciéndolo. En la segunda mitad de la dinastía Qing, la debilitada autoridad no pudo hacer frente a esta práctica y se generalizó por todo el imperio.

Muchos hombres se encaprichaban de los pies de loto hasta perder la razón. Para calificar tales muñones había un repertorio de más de cincuenta y ocho expresiones, ordenadas en cinco formas: pétalos de loto, luna nueva, bóveda armoniosa, sombra de bambú y castaña de agua. Además, se distinguieron tres calidades: los pies gordetes, los pies ligeros y los pies perfumados, y se estableció una escala del uno al nueve que iba de lo ordinario a lo sublime. Toda esta nomenclatura da testimonio demuestra una gran perversidad masculina respecto a las mujeres. Algunos hombres hasta mojaban los pies vendados en una tetera con el objetivo de saborear mejor el té; otros utilizaban los botines como vasos para tomar licor, e incluso, durante la dinastía Ming se llegó a fabricar botines de porcelana destinados a beber alcohol.

Los pies vendados se consideraron la parte más íntima del cuerpo de la mujer y el hombre los acariciaba antes del coito. Si tocaba el pecho o las nalgas, podía considerarse como un gesto involuntario y pedía disculpas; pero si tocaba los pies, se consideraba como una falta imperdonable. El juego preliminar al coito consistía en un encuentro entre el hombre y su amada, en el cual, si lo que pretendía no era acogido negativamente, dejaba caer su pañuelo, y cuando el hombre se agachaba a recogerlos, rozaba los pies de la mujer. Si ella no se enfadaba, el pretendiente podía pasar al siguiente paso en el que podía cogerla en brazos, besarla…

La razón por la que las mujeres aguantaban el dolor se debía a que al vendarse los pies, eran incapaces de realizar duros trabajos, por lo que era una característica de diferenciación social. Al igual que los hombres provenientes de familias modestas no podían entregarse al estudio, las mujeres de condición humilde tampoco podían vendarse los pies. Al fin y al cabo, la práctica estaba destinada a estimular el deseo sexual de los hombres que, al tocarlos, experimentaban, al parecer, el mismo placer que un occidental al acariciar unos senos. Algunos letrados japoneses que estudiaron la práctica desde un punto de vista fisiológico establecieron que las mujeres con los pies vendados tenían la vagina más estrecha debido al esfuerzo muscular que tenían que hacer al andar, lo que se traducía en un aumento del placer de los hombres en el coito. Por su parte, algunos letrados chinos de época Qing, defendían que las mujeres que realizaban esta práctica, se les redondeaban más los muslos y las hacía más sensuales. Sin embargo, algunos investigadores hoy en día defienden una postura psicológica basada en el fetichismo.

En 1883 el reformador Kang Youwei convocó una asamblea de figuras destacadas de varios pueblos de la provincia de Cantón en el que se proclamó la prohibición del vendaje de pies. Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, se generalizó la prohibición de dicha práctica en cuestión, contribuyendo al éxito de los movimientos de liberación de la mujer que se desarrollaron en China en aquella época. Sus repercusiones se hicieron sentir incluso después de la llegada de la República. Sin embargo, hoy en día siguen con vida ancianas que fueron sometidas a dicha práctica en la primera mitad del siglo XX.

“Pies de loto” La extraña tradición de vendar los…: http://youtu.be/VuxEZc8a6Q4

Bibliografía

LIU DALIN. El Imperio del deseo. Historia de la sexualidad en China. Alianza Editorial. Madrid. 2010.

VAN GULIK, R. La vida sexual en la antigua China. Editorial SIRUELA. 2005.

https://enchinadas.wordpress.com/2014/05/30/perversion-sexual-los-pies-de-loto/

http://m.biobiochile.cl/notas/2015/06/06/pies-de-loto-el-doloroso-estereotipo-de-belleza-que-deformo-los-pies-de-miles-de-mujeres-en-china.shtml

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2 comentarios sobre “Los pies de loto

    Humberto vazquez escribió:
    octubre 3, 2015 en 11:46 am

    Unos pies,bien cuidados, son sensuales,pero esta práctica es horrible nada excitante, aparte de discapacitante,que bueno que ya es historia!

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