Redactora: Mayte del Sol, Tarologa

ARCONTES EN LOS SUEÑOS.

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 Es bien sabido que, en el momento en que nos sumergimos en el profundo sueño de la noche, y por qué no, también en cualquier otro momento del día cuando descansamos, abrimos un portal dimensional por el que nosotros mismos podemos salir en ocasiones para vivenciar diferentes experiencias. Estas pueden ser extracorpóreas – voluntarias o involuntarias -, o bien producirse el efecto contrario, es decir, que seamos visitados por entidades de otros planos.  

Ese es un momento en el que nuestra psique se encuentra desprotegida, y por eso, si algún ser de otra dimensión desea acercarse, tiene el terreno abonado para ello.

Entre algunas de estas entidades podemos encontrarnos con difuntos y seres queridos que nos dejaron, entidades espirituales, seres de otros planos del astral, o aquellos que jamás han sido físicos porque habitan una dimensión especial, aunque cohabiten con nosotros a todas horas sin que seamos conscientes de ello.
Uno de estos grupos de entidades son los llamados “Arcontes”, palabra griega con una antigüedad de más de 2.000 años que significa “gobernante”. Se dice que estos seres están conformados por una especie de materia elemental, siendo su objetivo invadir como parásitos nuestra mente para modificar nuestra percepción del universo. Se habla también de su extraordinaria y elevada capacidad psíquica, y su facilidad para imitar la realidad y confundirnos. Hay que partir siempre de la base de que el ser humano no es infeliz porque sea consustancial a su naturaleza ser infeliz o desdichado. En general, y es algo cada vez más comprobado, somos infelices porque hay entes que cohabitan con nosotros y nos generan bajas emociones, provocando situaciones que nos hacen sufrir. Sé que esto resulta algo difícil de digerir, pero no deja de ser una realidad.
Toda esta información de la que gozamos ahora proviene de los manuscritos de Nag Hammadi, escritos entre el II y IV siglo de nuestra era y encontrados en Egipto en 1945, aunque no se hiciese pública su veracidad e importancia hasta 1947. En ellos se habla de los Arcontes como criaturas supra-humanas, verdaderas dominadoras de este mundo. Según dichos textos, podrían tener dos formas: embrionaria (similares a los famosos grises que tanta fama tuvieron en los 70 del siglo pasado), o dracónica (del tipo reptiliano), lo cual enlaza directamente con la información dada por algunas religiones. Estos seres son maestros de la simulación, pero no tienen conciencia ni experiencia humana. Dado que algunos antropólogos los han visto mediante estados alterados de conciencia, hablan de que son seres no orgánicos, y se especula con la posibilidad de que únicamente estén conformados por silicio y mercurio.
 

Quizá al hilo de las hipótesis más científicas, curiosamente también aparece la figura de los Arcontes en muchos textos sagrados, tal es el caso de la Biblia. Incluso algunas mitologías como la celta y la azteca los aceptan. Además, las primeras iglesias ya los definían como una especie de infección psíquica, dado que pueden acceder a los cuerpos humanos modificando su propia forma para desorientar. Para la Kabbalah, su origen está en Adán y Eva, que crearon dos ángeles – Aza y Azael – los cuales se revelaron contra el creador y bajaron a la Tierra para crear sus propias descendencias. Siempre fueron vistos como extraños, e incluso Enoch los definió como los visitantes. Según el Zóhar (parte esotérica de la Torá de los Judíos), los Arcontes se clasifican en diversos grupos: los Gibborim, que buscan honores, los Amalekim, que generan dudas y traen mal de ojo, los Nefilim, que generan odio gratuito, los Refaim, que ponen obstáculos en todos nuestros objetivos, y los Anakim, que generan odio y cizaña entre humanos.

La religión judaíca también refiere que son entes espirituales no encarnados que viven en dimensiones paralelas, y que nos envidian, provocando situaciones desagradables, las cuales desembocan en emociones generadas por nosotros, como miedo, celos, falta de auto-estima, culpa, tristeza, desesperación… De esa forma, hacen de nuestro mundo una granja de humanos convertidos en comida espiritual, nutriéndose de nuestros miedos. Digamos que ellos comen nuestras bajas emociones, de igual forma que nosotros comemos nuestra comida. Esas vibraciones que generamos con odio, ira, celos… son su alimento. Cuanto más odio generemos, más crecen y engordan ellos.
Los gnósticos afirman que los Arcontes secuestran por la noche y durante el sueño a las almas humanas, y a pesar de que los Eones – entidades positivas que vigilan y guardan la vida en el centro de la galaxia – nos protegen, siguen teniendo mucho poder. Por eso, a menudo se convierten en intrusos en nuestros sueños, dada su capacidad para entrar en ellos. Mediante este método, influyen y determinan nuestros experiencias oníricas, sobre todo si canalizamos o trabajamos mancias u oráculos. En ocasiones, pueden presentarse como Maestros de Luz que dan consejos, o bien como Seres Ancestrales que dan órdenes o sugerencias a modo de consejo para que sigamos sus dictados, y así tenernos bajo su influencia. Incluso pueden exigirnos algún tipo de compensación por dicho consejo, sea la que sea. En realidad, no nos pueden forzar a que hagamos algo, pero sí influir y crear sincronías artificiales, acercando a una persona con otra para sus fines, o enviando sueños y supuestas experiencias psíquicas que podríamos creer que son verdaderas.
¿Cómo superarlo? Es en nuestro hemisferio derecho donde tenemos la solución. Si aprendemos a utilizarlo mejor y nos dejamos guiar con mayor frecuencia por esta parte del cerebro, ascenderemos a un nivel espiritual que no pueden alcanzar dichos entes. En el momento en que trabajamos con este hemisferio, intuitivo por excelencia, nos elevamos mentalmente y nos “vacunamos” contra estos seres. El hemisferio derecho es más poderoso de lo que pensamos, y trabajar con la meditación para potenciarlo es una herramienta muy eficaz. Aparte de ello, recomiendo trazar un círculo mental de protección a la hora de acostarnos en la cama, cerrándolo bien, y abriéndole a la hora de levantarnos. Es el mejor método para mantenernos alejados de desagradables intrusiones oníricas.

REDACTORA: Mayte del Sol, miembro del equipo radiofonico Los Misterios de Anais . Tarologa y especialista en sueños. 

Terapeuta holística. Investigadora de los sueños. Colaboradora en diferentes programas de radio.  Tarologa , si queréis poneros en contacto con ella para algún tipo de consulta personal pueden encontrarla en redes : 

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SE ACERCA YULE

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Es muy probable que a estas alturas la mayoría de vosotros sepáis que pasado mañana se celebra la festividad de Yule, la segunda celebración o sabbat más importante para los paganos, no sólo para los wiccanos como mucha gente me ha preguntado. Hay que tener en cuenta que la Wicca es una religión neo-pagana y biteísta (creen en un dios y una diosa), creada en el siglo XX, y que aglutina una serie de saberes y rituales de épocas más remotas. Sin embargo, la tradición de Yule, así como la de otros Sabbats, también es celebrada por el resto de paganos, aunque no pertenezcan a la religión wiccana.

Para explicar un poco esta celebración, diré que YULE es una palabra que proviene del antiguo anglosajón GEO o GÉOHOL, haciendo alusión a esta determinada época del año. En realidad, Yule se celebraba durante 12 días de calendario en la antigüedad, no sólo en los días comprendidos entre el 20 y 23 de Diciembre como se hace en la actualidad.

Sin lugar a dudas, éste es el momento de las sombras y de la oscuridad. Astronómicamente, el sol ocupa el lugar más bajo en el cielo, teniendo lugar durante estos días la noche más larga del año. Por eso, en estas fechas se celebra la fiesta del renacimiento de la luz, entroncando directamente con los antiguos cultos femenino-maternales, es decir, la fertilidad y gestación de la vida. De ahí que la celebración fundamental sea el antiguo culto a la Gran Madre, la Diosa, la Madre Tierra, la maternidad o la representación femenina de la energía universal.

El renacimiento del Dios Sol, de la esperanza y la luz, es lo más importante en estas fechas, pues a partir del solsticio de invierno, los días empiezan de nuevo a ser poco a poco más largos, y las noches más cortas. Del día 20 de Diciembre en adelante, comienzan a realizarse todos los rituales y celebraciones relativos a esta festividad.

Aunque los cristianos impusieron la Navidad suplantando a los antiguos ritos paganos, no debemos olvidar que las costumbres de dicha fiesta provienen directamente de esas antiguas celebraciones. Ese es el origen de que los colores predominantes en estas fechas sean el verde y el rojo. Ambos simbolizan la presencia de los espíritus de la naturaleza, y no se utilizan por casualidad, ya que corresponden a un antiguo conocimiento iniciático: el rojo simboliza la sangre que fertiliza la tierra y da vida, y el verde es el color de la naturaleza. Por tanto, siempre se han utilizado para adornarlo todo durante esta festividad, ya que se consideraba que tras la llegada de la luz comenzaba la vida a resurgir en los campos. Sin lugar a dudas, son arquetipos de renacimiento y renovación.

Los adornos que se colocan en el árbol de Yule guardan también una antiquísima simbología. Inicialmente, el árbol de Navidad era un tronco que se quemaba durante la noche del solsticio para atraer la luz y la prosperidad en la noche más larga del año. Antes de hacerlo arder, se adornaba con piñas, acebo o hiedra, en general plantas siempre verdes para atraer la fertilidad de los campos. Las cenizas se conservaban durante todo el año, pues se decía que podían curar enfermedades, y también se conservaba un trozo del tronco carbonizado para prender el del solsticio siguiente.

Las luces navideñas eran antiguamente velas que se colgaban invocando la llegada de la luz. Las bolas de colores y las estrellas simbolizan a los espíritus del cielo, esos que los antiguos veían al caer la noche en un mundo donde no existía la luz eléctrica. Las campanitas siempre se ha creído que ahuyentan a los espíritus negativos, y las piñas y otros frutos simbolizan la abundancia y la fuerza.

Era habitual que las casas se adornasen con hiedras y guirnaldas de acebo y muérdago, que simbolizaban protección. Por eso, las parejas que iban a casarse ese año se besaban bajo estas guirnaldas como símbolo de prosperidad y afianzamiento del futuro matrimonio. De ahí que en el altar de Yule no puedan faltar las plantas antes mencionadas, ni tampoco los inciensos de pino, laurel y cedro.

Los alimentos que se consumen y se ofrendan durante esta celebración son las galletas de jengible, el pavo, cordero, sidra, cerveza, nuez moscada, canela, manzanas asadas…

Practiquéis la religión que sea o tengáis el credo que tengáis, os recomiendo que le dediquéis aunque sólo sea unos breves minutos cada día a esta celebración que se alarga con la Navidad cristiana. Es un buen momento para reflexionar sobre lo que la luz y el sol nos han procurado en los meses anteriores, repasando aquellos errores que hemos cometido en el pasado para no volverlos a repetir en el futuro.

Simplemente es un ejercicio personal, pero que ante la celebración que se aproxima nos puede ayudar a encarrilar de nuevo nuestra vida y volver a afianzar nuestros pasos para la nueva llegada del sol una vez más, como en cada ciclo anual.

¡Feliz Yule a todos!

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Redactora: Mayte de Sol, miembro del programa radiofonico Los Misterios de Anais. 

Tarologa e investigadora del mundo de los sueños, muchos años de experiencia la avalan. Además trabaja con Runas y diferentes tipos de barajas de cartas. Colabora en distintos programas .

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