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Leyenda de La casa de las cadenas de Toledo.

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Según cuenta una leyenda toledana hay una casa en la que hace muchos años  vivía un judío converso de nombre Ismail, el cual era considerado el mejor y más hábil labrador del hierro de todo. Era muy conocido por todos ya que de sus manos salían rejas, aldabones de las fuentes, portadas toledanas y también algunos de los más famosos aceros toledanos, con el cual creaba las armaduras de los  caballeros que luchaban contra los moros.

La casa tenia un sótano en cual Ismail tenia un taller para poder fraguar sus encargos y estaba rodeada de unos muros los cuales le salvaban de las miradas de sus curiosos vecinos, los cuales cuchilleaban que esa casa era demasiado para el.

En estos últimos años del siglo XV Isabel y Fernando, los llamados reyes católicos se hallaban enfrascados en la larga y costosa guerra de Granada.

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Ismail se especializó en fabricar cadenas dedicandose durante meses, a la fabricación de las mismas, trabajando día y noche. A escondidas a altas horas de la madrugada llegaban unos cargos tirados por bueyes para recoger las cadenas que fabricaba durante el día. Algunos vecinos que se habían percatado del continuo ir y venir de los carros y de la gran cantidad de cadenas que transportaban esperaban cada noche la visita preguntándose para que eran esas cadenas y a donde estaban destinadas. El destino de estas cadenas era Granada.

En aquellos tiempos Los Reyes Católicos le habían  ganando terreno en el reino de Granada y  lentamente regresaron a la ciudad los cristianos liberados por las tropas cristianas. Uno de ellos trajo consigo  las cadenas con las que había estado prisionero y todos reconocieron los sellos y el diseño que Ismail realizaba en Toledo.

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Fue apresado y condenado a morir apedreado en presencia de todos los vecinos.  En la actualidad se conserva  como recuerdo la casa donde eran forjadas y las cadenas que hoy cuelgan de los muros del monasterio de San Juan de los Reyes y el museo de arte Contemporáneo, pertenecientes a los miles de prisioneros cristianos en el reino de Granada.

Leyenda La niña de los ojos azules.

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Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo vivía una niña muy hermosa con los ojos del color del cielo. Era hija de unos campesinos muy pobres pero le daban tanto amor que la niña era feliz aún a pesar de que le faltaban muchas cosas.

Un día,  le ofrecieron a su padre labrar unas tierras en un pueblo cercano.  Viendo la ilusión que a su padre le producía su nuevo empleo se ofreció a acompañarlo con la condición de que se portaria bien.

Cogió su muñeca, le puso sus mejores ropas y así se dispuso a acompañar a su padre a su nuevo destino.  El primer día su padre se la llevo al campo mientras araba la tierra y le advirtió que no se alejara porque podía pasarle cualquier cosa mala.

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La niña se distancio un poco y se puso a jugar a la sombra ya que el calor se hacia insoportable.  Estando jugando se percato de que no muy lejos había un viejo molino con un riachuelo y un camino que dirigia hacia el pueblo.
Se acerco a su padre y le pidió permiso para ir a visitarlo pero este le contesto con una negativa.  Llego la noche y abandonaron los campos de cultivo,  cenaron una suculenta comida y se fueron a dormir.  Pero la niña tenia curiosidad por lo que había en el molino y aprovecho que su padre dormía para hacer una visita.

Cuando se dispuso a escaparse en medio de la noche de la choza en la que estaban sintió un miedo que la recorrió todo el cuerpo,  no por nada en especial,  sino porque era la primera vez en su vida que desobedecia a su padre.

En medio de la oscuridad llego al molino.  Encontró telarañas y suciedad por todas partes pero justo en el momento que iba a irse diviso una pequeña puerta.

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Cuando entro no creía lo que estaba viendo.  Había trozos de cuerpos sin vida por todas partes y una cadena unia trozos del cuerpo de diferentes personas.  Nerviosa y asustada tropezó con la cadena y todo se cayo al suelo.

Corrió campo a través y volvió a la choza,  se metió en la cama y se tapo la cabeza.  El miedo se había apoderado de su cuerpo,  en un momento sintió un susurro en su oído y un escalofrio que le helo los huesos. 

De pronto la habitación se alumbro como si un rayo hubiera caído en ella.  A la mañana siguiente su padre fue a buscarla temprano para que fueran a desayunar e incorporarse pronto al trabajo.

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Cuál fue su sorpresa que al entrar en la habitación se encontró sobre la cama el cuerpo descuartizado de su hija y sobre la mesita de noche esos ojos azules que no dejaban de mirarlo.

Desde entonces dicen que se oyen el ruido de arrastar cadenas todas las noches.  No se sabe si es el fantasma de la niña o del causante de su horripilante muerte.