Cadiz

Las Brujas de San Fernando (Crónica negra)

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Hoy vamos a hablar de un escabroso asesinato cometido muy cerquita de mi casa, a unos 21 kilometros, en San Fernando , Cadiz. Clara García Casado vivía en San Fernando (Cádiz) y tenía 16 años ese 26 de mayo del tan señalado año 2000. Tenía, también, un novio: Manuel Alejandro. Tenía, además, un buen grupo de amigos y amigas, entre las que había dos, Raquel e Iria, a las que no veía desde hacía tiempo. Ya se sabe, la vida, tener novio, conocer a otros amigos, gustos diferentes. Pero la amistad seguía ahí, perduraba, y ahora las iba a volver a ver. Ese mismo día. Dejaría a Manuel antes de la cena para encontrarse con ellas porque Iria la había llamado para echar unas risas recordando sus correrías en común y salir juntas de nuevo.

     Clara estaba entusiasmada. A Manuel le parecía que ese dia no tenía otra conversación. Se había estado riendo de las veces en que había practicado la Oui-ja con ellas.  Clara también le dijo a Manuel que le preocupaba Raquel, porque tenía que repetir curso.

     Así que Clara se fue a su casa y Manuel se marchó preocupado cuando la dejó porque no le gustaban mucho sus amigas. Pensaba que eran una mala influencia para Clara. Eran raras, todo el mundo lo decía. Vestían siempre de negro, eran fanáticas del espiritismo y habían tallado en sus pupitres del Instituto una tabla de Oui-ja.

     A las 21:30, Clara llamó a Manuel (a través del teléfono  fijo. Hace 15 años no era tan común que todos los adolescentes tuvieran un móvil del que estar pendientes –o depender- todo el tiempo, como ocurre en nuestros dias) y le confirmó que salía hacia su cita con sus antiguas amigas. Le dijo también que iban a ir a un descampado conocido como “El Barrero”. Hacia allí iban Clara y Raquel cuando su amigo Gorka las vio, con una litrona de cerveza y muy contentas, ir hacia el encuentro de Iria, que las estaba esperando en el lugar de la cita, esa fue la última vez que se vio a Clara con vida.

Hacia las tres de la mañana los padres de Clara se ponen en contacto vía telefónica con Manuel preguntando por Sara. Sara no estaba en casa, Sara no estaba con Manuel , aquí empieza la pesadilla.

   

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Apasionadas al ocultismo y la brujería, Iria y su amiga Raquel Carlés Torrejón, habían reconstruído con las cartas del tarot, el crimen que iban a cometer aquel 26 de mayo, en el descampado del Barrero. En su casa la policía encontró la carta que representa a la doncella, desplomada bajo la carta de la luna, junto la carta de la torre… Como una burda dramatización esotérica del brutal asesinato de Clara García Casado, que murió a la luz de la luna, y a la sombra de la torre del cuartel de infantería de San Fernando, porque dos amigas adolescentes querían saber que se sentía al matar…

Se habían afanado en prepararlo todo: el escenario del crimen, el arma homicida y las excusas, pero el profundo corte que una de ellas tenía en uno de sus brazos fue determinante para que los policías se convencieran de que I. S. G. y R. C. T., de 16 y 17 años, mentían y podían estar involucradas en la muerte de Clara G. C. Hasta que los agentes vincularon la herida con el forcejeo que se produjo durante el apuñalamiento, la coartada fabricada por las dos chicas en la noche del crimen anterior a su interrogatorio no presentó fisuras.

Los investigadores creen que I. S. G. recibió en el antebrazo un navajazo que iba dirigido a la víctima. En otra muestra de sangre fría inaudita, fuentes cercanas a las pesquisas aseguran que, horas después del suceso, la joven se autolesionó en la misma zona del brazo con un cristal para justificar la lesión.El relato de los hechos que habían elaborado en el domicilio de I. S. G. casi tres horas después de que supuestamente asestaran 18 puñaladas a su ex compañera de clase y de la que habían sido buenas amigas en el pasado, funcionó inicialmente. Las coartadas están manuscritas por I. S. G. en unas cuartillas que la policía halló entre los cajones de su habitación. En sus primeras declaraciones ante la policía antes de ser detenidas defendieron su historia ficticia. Después, ambas se autoinculparon.

Los hechos reales y los inventados comienzan a distanciarse hacia las 21.00 horas. Según la versión pergeñada por las jóvenes, antes de encontrarse con Clara compraron una litrona de cerveza en un establecimiento próximo al descampado de El Barrero, en San Fernando, donde ocurrieron los hechos y el novio de Clara encontró el cadáver el sábado por la mañana. En su coartada, aseguran que se vieron con la víctima hacia las 21 horas y que 15 minutos después, ésta y R.C.T. discutieron. Según su versión, la chica asesinada dejó el lugar poco antes de las 21.30 horas.

En realidad, se calcula que a esa hora estaban supuestamente perpetrando el macabro asesinato. Así lo confirma uno de los testigos: el soldado que hacía guardia en una garita del Observatorio de la Marina y que declaró haber escuchado “jaleo” a esa hora. Fuentes de la investigación añaden que el soldado oyó decir a una chica: “¿Qué me habéis traído aquí, para matarme?”. No vio nada pero alertó al oficial de guardia, quien restó importancia al suceso.

En las cuartillas las jóvenes habían escrito que se quedaron en El Barrero hasta las 23.00 horas, con el objeto de “pillar” hachís para una amiga; que después se marcharon hacia la zona de copas para buscar a unos conocidos que celebraban un cumpleaños. Pero lo que parece cierto es que entre las 22.00 y las 23.00 horas acudieron a sus casas para cambiarse de ropa. Los trajes sucios se los llevaron a casa de I. S. C., donde la policía los encontró al día siguiente, lavados y tendidos pero con restos de sangre. La navaja la dejaron clavada en una maceta en casa de R.C.T.

Una vez que creían eliminadas las pruebas, fueron a buscar a los amigos de fiesta. No los encontraron pero tomaron copas por su cuenta. La policía cree que esa parte de la versión es cierta: bebieron, pero después de haber segado la vida de Clara.Cuando regresaron a casa de I.S.C. escribieron sobre el papel las explicaciones y las justificaciones que ofrecerían a la policía en el caso de ser interrogadas, una labor que se prolongó algo más allá de las 0.30 horas, cuando, en teoría, se habían echado a dormir en una cama nido.

Al mediodía siguiente, cuando ya había sido hallado el cadáver, a las 14.00 horas, en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de San Fernando el padre de Clara clavó su mirada en los ojos de R.C.T. y le espetó: “¿Qué le has hecho a mi hija?”, a lo que la chica, que aún no estaba detenida, respondió: “Yo no he sido”. La madre de la niña asesinada fue más allá y cogió a I.S.C. por los pelos en un ataque de rabia. La madrugada se había llevado por delante las coartadas inventadas.

Los inspectores de homicidios querían cerciorarse, siguiendo la pista gallega, de que aquel crimen incomprensible no tuviese ninguna conexión, a través de Iria, con alguna secta o culto satánico gallego que pudiese estar conectado con aquel asesinato absurdo. Pero no existía tal conexión. No había ninguna explicación ritual, ni esotérica, ni sectaria que  ayudase a comprender aquel brutal asesinato. Y eso es lo que lo hace más horrible…

Matar es un placer
“Las brujas de San Fernando”, como han pasado a la historia criminal española Iria Suarez y Raquel Carlés, llevaban meses fantaseando con la idea de matar. En diciembre de 1999 Iria había escrito a Raquel: “¿Quieres matar? Lo haremos, sólo dime a quien…”. En abril del año 2000 Jose Rabadán, otro joven de 16 años, aficionado al ocultismo, asesino a toda su familia con una espada samurái. El “asesino de la katana” se convirtió en un icono para las “brujas de San Fernando” que, según me confirmaron los policías, habían escrito varias cartas al joven, y tenían incluso el teléfono de la prisión donde se encontraba recluido. Fue el detonante para ejecutar su fantasía homicida. Si el pudo hacerlo, nosotras también… Y lo hicieron.

Se puede hacer un minucioso recorrido por todo el proceso, pero no se encontrará nada más que el hecho. Sólo unos meses antes , las tres -Klara, Raquel e Iria- lloraban abrazadas ante el tablón que anunciaba que Raquel tendría que repetir curso. Unos meses después Klara, la que no paraba de dibujar unicornios y fabular con magia blanca, se separaba de Iria y Raquel, que alardeaban de su magia negra, para irse con un chaval atractivo y deportista. Se iniciaba un proceso que se abre cada primavera en las muchachas. Juegos de amor. La perversidad de las asesinas también era un juego. Un juego psicótico.

A la hora del juicio, había poco que dilucidar. Los testimonios demostraron cómo esa noche Iria y Raquel organizaron todo para matar. Llevaban un tiempo dándole vueltas a la cabeza. Iria llegó a decirle a Raquel unos días antes: “¿Quieres que mate a ésta? Mataré por ti”. Estaban sus lecturas, los cuentos retorcidos que encontraron en su ordenador y que ella había escrito, según quienes los han leído, con notable estilo literario. En sus apuntes se lee: “Me he sentido muy alegre de saber que tengo a alguien que me protege. Al llegar a casa tuve que salir a comprar a la tienda, era como si alguien me abrazara en ese momento. Me siento acogida. En el cuarto hay algo o alguien, no esta vacío y me reconforta”. Estaba hablando de Demon, su demonio de guardia. Demon era una gran fabulación en una vida fabulada, la vida de una adolescente obsesionada por la muerte, por la otra frontera.

La ley dice que entender esa frontera tiene una edad. 18 años. Si Raquel hubiera obedecido a Iria sólo doce meses más tarde, estaría aún en prisión. Doce meses después, con un curriculum académico descorazonador, con una vida familiar que coqueteaba con el abismo, con un complejo de fealdad inasumible, quizá también habría matado. Según los testimonios que se han podido recoger en el centro de Carabanchel en el que estuvo recluida, Raquel entró en una situación de shock. Sus 17 años, y no 18, le dieron otra oportunidad.

El debate se reproduce cada vez que un menor comete un crimen. La última vez que se han vuelto a escuchar los mismos argumentos a favor y en contra ha sido hace unos meses, después de que la niña Cristina Martín, de 13 años, fuera encontrada en un hoyo de la población toledana de Seseña. Había sido asesinada por una compañera del instituto, de 14 años. Pero nunca el ruido fue tan fuerte como los días que siguieron a la muerte de Klara. Seguramente tuviera que ver ese enfrentamiento entre niñas malas y buenas, entre los unicornios y Demon. Era inexplicable. Todo había sido preparado para degollarla, para asestarle 32 puñaladas. Las asesinas no tenían dudas de que iban a matar. El padre de Klara tachaba la ley de “injusta. Queremos que se haga justicia, algo imposible con esta nueva ley lamentable”. 

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La ley no podía haber tenido peor estreno. Entró en vigor en enero de ese mismo año, sólo tres meses antes de la muerte de Klara. Urra, el psicólogo que habló con Iria y Raquel, fue preguntado tras la muerte de Cristina en Seseña por la Ley del Menor. Recordó que es una buena ley, que en estos diez años ha reinsertado al 87% de los jóvenes condenados. Y entonces se acordó de Klara: “Lo que ocurre es que en casos como el de Klara no se puede entender que tengan unas penas tan breves. Endurezcamos las sanciones, pero tendremos a más menores con más tiempo privado de libertad y no evitaremos más delitos. Si no hay desarrollo moral, los chicos pueden ser muy peligrosos”.

Todos los informes realizados en el último periodo de su breve reclusión dicen que Iria y Raquel no parecían peligrosas para la sociedad. Porque ya no eran adolescentes, porque ya no eran menores. Extraña madurez. Pero es imposible, diez años después, saber qué pasó por la cabeza de estas dos jóvenes mujeres anónimas en la mañana del 26 de mayo de 2010. Despertarse y recordar: “Soy una asesina”.

Por desgracia, tras un amplio porcentaje de los crímenes que llegan a los titulares de prensa con la etiqueta de “satánicos” no hay más que esto. Una empatía morbosa, casi lasciva, un lujurioso afán de trasgresión, rebasando todas las fronteras morales y racionales. Matar solo por el placer de sentir el poder divino de decidir sobre la vida y la muerte de un ser humano inocente. En realidad, este planteamiento tiene mucho de satánico, aunque no exista un culto organizado detrás de esos crímenes. 

http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/301704/acerca/klara.html

http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2005/503/1117922404.html
http://elpais.com/m/diario/2000/06/01/espana/959810423_850215.html

http://agendadelcrimen.blogspot.com.es/2015/07/iria-y-raquel-las-brujas-de-san-fernando.html?m=1

http://andaluciainformacion.es/m/?a=31342&friendly_url=san-fernando&t=Las%20dos%20asesinas%20de%20Klara%20Garc%C3%ADa%20disfrutan%20de%20libertad%20desde%202006

https://ladyalcon.wordpress.com/2011/01/13/el-crimen-de-san-fernando/

http://www.diariodesevilla.es/article/andalucia/713970/haday/las/brujas.html

La leyenda de Don Rosendo (leyenda gaditana)

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Hoy quisiera contaros la historia de fantasmas mas conocida en Cadiz, la mas curiosa es la leyenda de Don Rosendo, considerado el habitante mas antiguo del antiguo cementerio de San José de Cadiz. Según parece, era un antiguo habitante de la ciudad de Cádiz y sobre él hay toda clase de leyendas e historias.

Para empezar, la tumba de don Rosendo tenia escrita en su lapida la fecha de su muerte, 19 de julio de 1876, durante toda su estancia en este lugar siempre tenia flores frescas todos los días. Según los trabajadores del cementerio era muy popular y recibía a innumerables visitantes durante todo el año.

El origen de la leyenda es difuso, unos dicen que era don Rosendo de Vicente y Vicente, gaditano anónimo, que le atribuyen buena suerte al que le rece. El culpable de esto es un conocido carnavalero y trabajador del cementerio Joaquín Garaboa “el Quina” que dijo que le hizo un milagro cuando un día lo vio paseando por el cementerio.

Otra leyenda apunta que era un medico y filántropo llamado don Rosendo Vicente y Vicente que murió humilde por que no solía cobrar a los pobres de la ciudad en su tienda y la ultima leyenda que se le atribuye, habla que no era gaditano sino que su origen era un montañés, propietario de una tienda de ultramarinos de la ciudad, filántropo y que daba alimentos a los pobres de la ciudad de Cádiz.

Investigando encontré que don Rosendo Vicente y Vicente nació en la guardia (Pontevedra) en 1808, a los 13 años llegó con su familia a Cádiz. Sus padres eran Ignacio y francisca y tenia varios hermanos. Había fallecido en la calle Horno de Candelaria número 28 a las 17 horas. Tenía el nicho en propiedad, por lo que se deduce que era rico.

La mayoría de los trabajadores del cementerio siempre dicen que la presencia de don Rosendo se ha hecho siempre patente en el cementerio. Multitud de visitantes han visto ha este señor vestido como principio de siglo, paseando por las calles del cementerio.

Sin embargo, desde que el cementerio dejo de funcionar y esta siendo demolido, su presencia se dejo de sentir, principalmente cuando los restos de don Rosendo se trasladaron al cementerio mancomunado de Chiclana, en la capilla del camposanto frente ha otros ilustres gaditanos de la ciudad como; el exalcalde de Cádiz Fermín Salvochea.

El traslado se realizo por la mañana muy temprano, en silencio y oculto de los devotos y los curiosos principalmente para que estos no acudieran en masa y molestaran los trabajos de los trabajadores del cementerio.

El encargado del cementerio fue el responsable de abrir el nicho por primera vez en 134 años, la humedad y el tiempo adelantaron su descomposición y los restos se convirtieron en polvo al contacto con el aire. Las partículas calcáreas de hueso en descomposición y un pequeño fémur son los únicos restos encontrados antes de su traslado.

Todo se guardó en diferentes urnas funerarias, siendo únicamente como testigos los trabajadores del cementerio, algunos concejales, trabajadores del ayuntamiento y algunos periodistas del Diario de Cádiz. No se hizo publico el traslado dada las malas condiciones del cementerio de San José y para prevenir que sus devotos acudieran en masa a su traslado.

Actualmente, ningún trabajador del cementerio de Chiclana tiene todavía constancia de que don Rosendo se pasee por los pasillos del cementerio mancomunado. No tiene tantas flores frescas como en el otro cementerio ya que se encuentra a bastante distancia de la ciudad pero sus devotos siguen siendoles fieles. Mucha gente se encomienda a el y le hacen peticiones pero a día de hoy la iglesia no le reconoce ningún merito para eso…

Fuente: ocultismoCadiz3000.blogspot.com.

Leyenda del Callejón del Duende.

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La leyenda de hoy es de mi tierra,  Cadiz que últimamente la tengo muy olvidada y cuando empecé este blog lo hice con leyendas de aquí.

Nos vamos al año 1.808, España se había aliado con Francia para combatir contra los ingleses. La flota francesa se encontraba varada en el muelle de Cadiz junto con los barcos españoles.

Pero por todos es sabido que Napoleón Bonaparte aprovecho tal situación para intentar conquistar España. Tomo Madrid y poco a poco el resto de España pero aunque tenían sus tropas en Cadiz no consiguieron tomar la ciudad. En 1.810 ya tenían prácticamente tomada toda la península y nuestra ciudad estaba llena de soldados franceses.

Durante este tiempo en el que convivieron gaditanos con franceses cuenta una leyenda que había una hermosa gaditana de la cual se enamoro un oficial francés.
Sabiendo que tal relación le daría problemas la hermosa joven esquivaba al capitán francés y rehuía de sus pretensiones.
Pero tanto amor le profesaba este a la joven que la colmaba de atenciones y poco a poco ella fue cediendo y abriendo su corazón hasta que un día comenzó a corresponderle.

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Ellos a sabiendas que tal relación de amor seria mal vista por sus compatriotas quedaban a la luz de la luna para profesarse su amor.
Cada noche quedaban en el Callejón del Duende y allí, con la oscuridad como cómplice hablaban de amor y hacían planes de futuro.

Quedaban noche tras noche y su amor cada vez era mas grande pero un día , estaban compartiendo intimidad , cuando de repente se oyó un ruido y para su asombro, un vecino los sorprendió abrazados bajo la luz la luna.

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Sin que ninguno de ellos lo esperara, el vecino saco un cuchillo y lo apuñalo, muriendo este en el acto en brazos de su amada. Ella no podía aguantar la pena de vivir sin el amor del capitán y poco a poco se fue apagando. Un buen día , no mucho tiempo después de la muerte de el la bella joven amaneció muerta en su cama.

Dicen que murió de amor, de añoranza, de pena y son muchas las personas que después de su muerte dicen haber visto en el callejón a los amantes bajo la luz de la luna. Aun a día de hoy, al Callejón de Duende van personas a dejar flores o encender velas en honor a estos dos amantes.

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Breve reseña
Para los que conozcáis Cadiz , el Callejón del duende es el .as estrecho de la ciudad y se encuentra situado en el Barrio del Populo

Canelo, el amigo mas fiel.(5)

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Aun recuerdo como Canelo cruzaba la carretera de la “Avenida”, aquí en Cadiz , esquivando los coches a su paso. Su dueño era un indigente enfermo, el cual tenia un fallo renal y se sometía tres veces por semana a diálisis. Canelo siempre lo acompañaba a sus sesiones y aguardaba a su dueño a la salida del Hospital Puerta del Mar.

Un día el indigente empeoró y fue ingresado. No volvió a salir ya que murió, Canelo ajeno a este echo lo esperaba a la puerta del hospital con la esperanza de reunirse con su dueño. Acechando estaba día y noche, con frío y calor…sin explicarse el por qué su amo se demoraba tanto, así permaneció fiel durante 12 años.

Se ganó el cariño de los que por allí transitaban y eran muchos los que a diario le llevaban agua y algo de alimento. Hasta que un día la perrera lo capturó y la gente comenzó a protestar, ya que le tenían mucho cariño y compasión al animal. Tantas fueron las protestas que el propio Teniente Alcalde de Sanidad, Jose Blas Fernández redactó un decreto perdonando la vida a Canelo.

La Asociación Gaditana para la Defensa y el Estudio de la Naturaleza (AGADEN) se hizo cargo del perro. Le consiguiendo varias familias de acogida pero el animal siempre se las ingeniaba para escapar y regresar a esperar a su amo

El 9 de diciembre del 2.002, cruzando la Avenida Ana de Viya en la cual se encuentra el hospital, sufrió un doble atropellamiento, acabando así con su vida. En honor a Canelo hay una calle con su nombre al lado del hospital. Fueron muchos los artículos publicados con esta conmovedora historia, dando muchos de ellos la vuelta al mundo.

¿Quien iba a decirle al indigente que su perro seria mundialmente conocido? Quien sabe si siempre estuvo a su lado acompañándolo en su larga espera.Imagen

 

Leyenda: “La niña del piano”. (4)

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La leyenda de hoy se centra en el Barrio “La Viña” mas concretamente en la C/ San Pascual, actualmente llamada C/ República Dominicana. Allí vivía Laura una joven viuda la cual tenia dos hijas. La mayor se llamaba Flora y la pequeña Angelita, esta poseía un don innato para la música , era un portento tocando el piano. Todas las tardes su madre y hermana se sentaban en el sofá del salón a escuchar como tocaba y se deleitaban con su musica. Era muy conocida por la zona ya que cuando practicaba con el piano las notas salían a través de las ventanas y recreaba a sus vecinos con su musica, los cuales estaban muy agradecidos a la pequeña y le tenían mucho cariño.

Un día amaneció muy enferma, casi no podía levantarse de la cama. La llevaron al médico y éste  le diagnosticó una enfermedad infectocontagiosa de pulmón, tuberculosis. La niña por día estaba mas enferma y sus vecinos iban a pedirle a Dios por la curación de la niña a la Iglesia de la Palma, situada en el barrio. Al poco la niña murió, tan conocida y querida era que todos los negocios de la zona cerraron en señal de duelo y acompañaron a la familia al sepelio. Todos la extrañaban mucho, la calle estaba muy triste sin su melodía y Flora, su hermana , antes una muchacha vivaracha, se llevaba todo el día llorando y totalmente apática.

Una noche al poco de fallecer Angelita, cuando el reloj marcaba las 12, mientras madre e hija dormían el piano comenzó a sonar. Laura se despertó asustada al oír el piano y pensó que alguien había entrado a hurtadillas en la casa para robar. Se levanto camino hacia el salón y al llegar a este la musica cesó. No sólo lo oyó ella ya que cuando se dio la vuelta para ir al dormitorio se encontró a Flora tras ella. Esa noche madre e hija durmieron juntas. A la noche siguiente volvió a ocurrir lo mismo pero cuando ambas llegaron al salón el piano estaba abierto y las teclas subían y bajaban como si alguien estuviera practicando con el. Esto estuvo ocurriendo todas las noches y madre e hija no podían descansar bien e incluso los vecinos se quejaban porque no podían dormir.

Tenian mucha confianza con el tendero , un día le comentaron lo que ocurría y éste las mando a ver una pitonisa de los alrededores llamada Ufrasia , la cual vivía en la Plaza Cruz Verde. Se fueron directas a buscarla y al verla se sorprendieron de su aspecto ya que era una persona de mucha edad, con el pelo cano y a la que le faltaba un ojo. Solamente con verlas les dijo que Angelita no las había abandonado y les dio instrucciones para hacer una sesión en casa de estás. La pitonisa solía echar las cartas del tarot pero les dijo que para que fuera efectivo necesitaba un par de cosas de la niña.

Al día siguiente se presento en cada de Laura y Flora, madre e hija lo tenían todo dispuesto . La mesacamilla con su correspondiente tapete, velas encendidas por todo el salon, una muñeca de porcelana y el vestido de los domingos de la difunta. Se sentaron alrededor de la mesa e iniciaron el ritual cogiéndose de las manos y al poco la niña poseyó el cuerpo de Ufrasia, la pitonisa utilizandolo como via de comunicación con su madre y su hermana. Les comunicó que solo quería practicar con el piano y que no quería que le tuvieran miedo. La pitonisa estuvo hablando con la niña y les comunico que Angelita se aferraba a la vida a través de su piano y por un tiempo éste dejo de tocar.

No tardo mucho en volver a repetirse la historia, de nuevo todas las noches a la hora de las brujas , la tapa del piano se abría y empezaba a sonar. Laura y Flora no podían dormir estaban exhaustas y desesperadas. Los vecinos tambien iban murmurando por ahi porque no se explicaban que todas las noches a la misma hora, las melodias que tanto les gustaba no los dejara descansar. Acudieron al párroco de Santa Maria a comentarles lo que les pasaba, este les aconsejo que se encomendaran al Nazareno , que rezaran mucho y que oyeran muchas misas por la salvación de su alma. Durante un tiempo pasaron la mayor parte de los dias recogidas en la iglesia, rezando rosarios y oyendo misas.                                                                    piano-3-thumb

Al cabo de un tiempo el piano dejo de sonar y todo volvió a la normalidad. Nadie sabe si Angelita dejo de tocar el piano para que su madre y su hermana fueran felices o porque había encontrado el camino hacia el mas allá. De lo que estoy segura es que esté donde esté estará deleitando a todos con los acordes de su piano.