mitología griega

Crimen y castigo en el Olimpo de los dioses.

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El monte Olimpo es la montaña más alta de Grecia, donde el pueblo griego de la antigüedad clásica pensaba  que en su cumbre moraban los dioses presididos por Zeus -el padre de los dioses-. Estos dioses se entremezclaban, con relativa frecuencia, con los humanos y compartían los defectos y las virtudes de éstos, por cierto, más los defectos que las virtudes. De ahí, que, no nos deba de resultar extraño que estos dioses, a pesar de su condición divina, actuaran como humanos y cometieran los mismos delitos que cometían los hombres en el mundo terrenal, incluso en mayor número y gravedad, pues la condición divina les facilitaba, como tendremos ocasión de comprobar, dicha comisión, ya que su status de divinidad  les permitía adoptar las formas, que buenamente quisiesen y explotar esa habilidad para sus escarceos amorosos. Así, se disfrazaban de caballo, de toro, de ave, de carnero o de delfín etc., para seducir a sus múltiples e indefensas víctimas femeninas -para los dioses todo era posible-.

Los dioses del Olimpo cometieron todo tipo de delitos: robos, violaciones, incestos, asesinatos, raptos, secuestros y así hasta un largo etcétera, algunos de los delitos bastante brutales y horrendos. Sin embargo, en algunos casos, esta actividad delictiva se consideraba parte del status que proporcionaba la condición divina, pues tanto las relaciones entre las propias deidades de uno y otro sexo, como las que mantenían los dioses con los simples mortales solían incluir el incesto, la seducción y/o la violación de la mujer que deseaban poseer, como algo natural y cotidiano.

La actividad delictiva de las deidades del Olimpo

Empezamos el relato de la actividad delictiva de los dioses griegos por el mismo padre de las deidades del Olimpo -el inefable Zeus-, que no por ser el rey de los dioses -el dios supremo- dio, precisamente, buen ejemplo a las demás deidades de decencia y honestidad en su comportamiento, antes al contrario, fue uno de los más facinerosos y crueles, que violó, raptó, torturó y asesinó. Fue un adúltero irredento, aunque no es de extrañar, siendo hijo de un padre, que se comía a sus  retoños recién nacidos.

El padre del dios Zeus -el titán Cronos- fue un criminal, que cometió el delito de asesinato  con sus propios hijos, además de actos de canibalismo. Cronos, devoraba a sus hijos recién nacidos -Hestía, Deméter, Hera, Hades y Poseidón-  para evitar que se cumpliera el presagio de que uno de ellos le arrebataría el poder. Su hijo Zeus fue salvado de la muerte por su madre Rea, huyendo a la isla de Creta para tener el parto, regresando después para simular otro parto y darle a Cronos un envoltorio, aparentado entregarle a su hijo Zeus para que lo devorara, cuando en realidad se trataba de una piedra, que Cronos  engulló engañado. Cuando Zeus se hizo adulto, su madre Rea dio un brebaje a Cronos para que vomitase a sus hijos -esto es cosa de dioses y nada es imposible-. Zeus, ayudado por sus hermanos liberados, por los Cíclopes y por los Hecatónquiros o Centímanos, derrocó a su padre Cronos y con él al viejo orden representado por los Titanes.

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El instinto devorador del Titán Cronos lo debió heredar Zeus, pues no dudó en comerse a su primera esposa Metis, justo antes de nacer el retoño que ambos esperaban; cuando el dios se enteró de que el hijo que esperaba de Metis sería un varón y que reinaría sobre todos sus hijos. El dios Zeus cometió otros muchos crímenes, como raptos, violaciones, delitos de incesto etc., pues  fue un dios que se caracterizó, precisamente, por ser protagonista de múltiples aventuras y devaneos amorosos, tanto con diosas como con mujeres mortales y, no sólo con mujeres, sino también con hombres.

Para su unión con la deidad Hera, que por cierto era su hermana, Zeus se disfrazó de cuclillo asustado por el mal tiempo. La deidad Hera lo recoge y lo cubre con su ropa, momento en que Zeus aprovecha para recobrar su figura original e intentar forzar a la diosa. Ésta pide que la respete y Zeus le promete que la hará su esposa. Este matrimonio de Zeus con Hera perdurará para siempre, aunque los devaneos amorosos del dios promiscuo lo pondrán en peligro en reiteradas ocasiones.

El dios Zeus aprovecha, con frecuencia, su capacidad para transformarse en cualquier cosa con el objetivo de seducir a sus “víctimas femeninas indefensas”; lo hace con la mortal Europa hija de los reyes de Sidón y Tiro. Zeus enamorado de la muchacha, se presentó ante ella transformado en un hermoso toro blanco, mientras Europa jugaba en la playa. Cuando la muchacha se acerca a acariciarlo y lo monta, el animal emprende una veloz huida a través del mar hasta llegar a Creta. Zeus rapta a la joven Europa y la convierte en su esposa. No es este el único rapto que comente el dios Zeus para satisfacer sus instintos libidinosos, pues lo mismo hizo con Egina, hija del dios-rio Asopo,  que raptada por Zeus se la llevó a la isla de Enone. La isla cambió su nombre y a partir de este momento fue llamada Egina.

Hasta en lluvia dorada se transformó el dios Zeus para seducir a Dánae, hija de Acrisio y Eurídice, soberanos de Argos. La muchacha había sido encerrada por su padre para evitar que tuviese descendencia, pues un oráculo le había vaticinado que moriría a manos de su nieto. Zeus se introdujo en los aposentos de la joven, en forma de lluvia dorada, y juntos engendraron a Perseo. Incluso, en una ocasión Zeus se hizo pasar por el novio de Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas, con el que iba a casarse, un tal Anfitrión; para poseer a ésta bajo este engaño.

Los amores del dios Zeus no fueron solamente con mujeres, también los tuvo con hombres, como es el caso del amor que el dios mantuvo con el joven Ganímedes. Un joven de extraordinaria belleza del que Zeus se enamoró y raptó convertido en águila. Se lo llevó al Olimpo, donde Ganimedes se convirtió en el escanciador del néctar de los dioses.

Zeus, además de sus múltiples delitos, también fue un dios cruel, sino que se lo digan a su propio hijo Tántalo, a quien engendró con la oceánide Pluto, hija de Cronos. Tántalo era el rey de Frígia, muy apreciado por los dioses, que hasta lo invitaban a participar de los festejos que celebraban en su morada del Olimpo, sin ser conscientes de que Tántalo aprovechaba esa confianza para chismorrear secretos de los dioses y hasta  para robarles su propia  comida y bebida: el néctar y la ambrosía -bebida y alimento de dioses- para repartirlos entre sus amigos. Sin embargo, lo que agotó la paciencia de Zeus con su hijo Tántalo y motivó el castigo de éste, fue que siendo en una ocasión los dioses sus huéspedes en su Palacio real de Frígia, les invitó a un fastuoso banquete en el que pretendió engañar a sus divinos comensales ofreciéndoles carne humana de su propio hijo Pélope, al que descuartizó y tras  cocer sus miembros los sirvió a sus invitados presentándolo como un plato exótico.

Por este y otros delitos cometidos por Tántalo, el dios Zeus lo mató, aplastándolo con una roca que pendía del monte Sípilo. Pero el castigo no terminó en eso, después de muerto,Tántalo fue eternamente torturado en el Tártaro -el infierno- con el castigo, que en la mitología griega se conoce como “el suplicio de Tántalo”, que consistía en estar en un lago con el agua a la altura de la barbilla, bajo un árbol de ramas bajas repletas de frutas. Cada vez que Tántalo, desesperado por el hambre o la sed, intenta tomar una fruta o sorber algo de agua, éstos se retiran inmediatamente de su alcance.

Otra crueldad semejante fue la que cometió el dios Zeus contra Prometeo, hijo de Jápeto y de  la oeánide Asia, cuando éste con la complicidad de Atenea, entró en el Olimpo y robó el fuego a los dioses para entregárselo a la Humanidad; Zeus como castigo le encadenó en las montañas del Cáucaso, donde todos los días un águila le devorara el hígado, que por la noche le volvía a crecer, de tal forma que el castigo no tenía fin.

Los hermanos de Zeus no se quedaron atrás en su carrera delictiva, pues Poseidón, dios de los mares, al igual que su hermano Zeus sedujo y forzó a numerosas diosas, ninfas y mujeres mortales, con ellas tuvo incontables descendientes; el infame cíclope Polifemo era hijo suyo y además se le atribuye, también, la paternidad del gran héroe Teseo.

Entre los delitos cometidos por Poseidón, podemos referir, entre otros, los siguientes: violó a Céneo, que en su origen fue una doncella llamada Cene o Cenis y era hija de Élato. De joven fue secuestrada por Poseidón y posteriormente violada por este dios. Como consuelo, éste le concedió un deseo, que no fue otro que convertirla en un hombre invulnerable. Poseidón también violó a Medusa en un templo consagrado a Atenea y, también, violó a su propia hermana Deméter a quien persiguió, una vez que ésta rechazó sus pretensiones y huyó transformándose en una yegua para poder esconderse en un rebaño de caballos, pero Poseidón advirtió el engaño, se convirtió en un semental y la violó. El incesto de Peseidón llegó incluso a su abuela  Gaya con la que  concibió al gigante Anteo. Otra víctima de la lujuria de Poseidón fue la bella princesa Córnix, que escapó del dios en el último momento cuando Atenea la trasformó en un cuervo.

El otro  hermano de Zeus, el dios  Hades -dios de los infiernos- también hizo de las suyas con las mujeres, empezando por la que sería su esposa a la fuerza -Perséfone- de la que  enamoró, que por cierto, era su sobrina, y un día la raptó. Se cuenta que la joven fue raptada con la complicidad de su propio padre, el dios Zeus, mientras se encontraba en los campos de Nisa, cogiendo flores en compañía de sus amigas, las ninfas Atenea y Artemisa, que eran sus hermanas de padre. En ese momento, se abrió la tierra y por la grieta salió Hades que tomó a Perséfone y se la llevó (no nos puede extrañar que ninguna mujer quisiera acompañar, voluntariamente, al dios Hades a su infernal morada). Perséfone se convertiría, a la fuerza, en la reina de los infiernos y de los muertos.

Según Ovidio, Hades persiguió y amó intensamente a la preciosa ninfa infernal Mente a la que transformó en una planta llamada menta para que su esposa Perséfone no tomara represalias contra la ninfa. De forma similar, la ninfa Leuce, a quien también había violado, fue metamorfoseada tras su muerte natural por Hades en un álamo blanco. En cualquier caso, podemos afirmar que el dios Hares no era tan cruel como su hermano Zeus, aunque en una ocasión no dudó en secuestrar  a Teseo y Pirítoo, que fingiendo darles hospitalidad, les preparó un banquete. Cuando la pareja se sentó, unas serpientes se enroscaron en torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Heracles.

Ahora bien, sí que Hades fue un dios despiadado, que no permitió a ninguno de sus súbditos volver a la tierra, entre los vivos. Sólo mostró clemencia una vez, cuando permitió a Orfeo, un gran intérprete musical, que éste se llevase a su esposa Eurídice de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió, pero, cediendo a la tentación de mirar atrás, fracasó y volvió a perder a Eurídice, con quien sólo se reuniría tras su muerte. Este mito tiene una tremenda similitud con la historia de la mujer de Lot que narra la biblia en el libro del Génesis (Gen 19: 26).

Tampoco los múltiples hijos que el promiscuo dios Zeus engendró, estuvieron a la zaga de su padre en la carrera delictiva. Algunos de ellos destacaron como  contumaces delincuentes, tal es el caso del dios Apolo, hijo de Zeus y Leto y hermano gemelo de Artemisa, a los que parió su madre en la isla de Delos, donde se había refugiado de la ira de Hera, que descubrió que Leto estaba embarazada y que su marido, Zeus, era el padre.

El dios Apolo, que poseía múltiples atributos como ser el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, hasta tal punto que, posiblemente, después de Zeus fuera el dios más influyente y venerado de todos los de la antigüedad clásica; protector de la música y la poesía, del canto y de la danza; pues a pesar de sus muchos valores y virtudes, también cometió horrendos delitos.

El dios Apolo dio a Orestes, a través del oráculo de Delfos, la orden de matar a su madre, Clitemnestra, y al amante de ésta, Egisto, que reinaron en Micenas. Orestes fue ferozmente castigado por este crimen por las Erinias, quienes le persiguieron incansablemente hasta hacerle pedir la intercesión de Atenea, quien decretó que fuese juzgado por un jurado de sus iguales, con Apolo como defensor. De esta manera se preservaba la tradición ateniense de administrar justicia a través de un jurado

El dios Apolo violó a Dríope, que era pastora y cuidaba los rebaños de su padre cerca del monte EtaApolo la vio un día bailando en medio de los coros y se enamoró de ella, acercándose a la muchacha transformado en tortuga. La joven se puso a jugar sobre sus rodillas con la tortuga como si fuera una pelota, momento que Apolo aprovechó para adoptar la figura de un serpientey unirse a ella. Algo parecido hizo con una princesa mortal llamada Leucótoe, hija de Órcano y hermana de Clitia; el dios Apolo se disfrazó como la madre de Leucótoe para lograr acceder a sus aposentos.

Por cierto, pese a los atributos que hacían de Apolo un dios muy atractivo, le rechazaron muchas mujeres, como Casandra, hija de Hécuba y Príamo, también le rechazó la ninfa Dafne, que para escapar de él pidió ayuda a los dioses y éstos la transformaron en laurel y también la joven Castalia, que huyó del dios y se zambulló en la fuente que había en Delfos al pie del monte Parnaso. Parece ser que el dios Apolo tuvo más fortuna con los hombres, pues tuvo como amante a Jacinto, un joven muy hermoso que murió golpeado por un disco que había lanzado el dios mientras ambos practicaban este deporte. Apolo, apenado, hizo que de la sangre del joven brotase la flor del Jacinto. Otro amante masculino del dios Apolo fue Cipariso, hijo del rey Télefo de Misia, que solía ir acompañado de un ciervo, regalo del propio dios Apolo y, cuando Cipariso mató al ciervo accidentalmente durante una cacería, pidió a Apolo que hiciera que sus lágrimas rodasen eternamente. Apolo accedió a la petición, transformando a Cipariso en un ciprés, del que se dice que es un árbol representativo de la tristeza, porque su savia forma gotitas en el tronco que asemejan lágrimas.

También Apolo cometió algún que otro asesinato, pues  mató uno a uno a los siete hijos de Níobe, esposa de Anfión, rey de Tebas, solamente porque Niobe presumía de ser más fértil que Leto, la madre de Apolo. También mató a Coronea, que era su amada, pero que compartía lecho además con un apuesto joven de Tesalia. Esta aventura de Coronea era ocultada a los dioses y a los mortales excepto a los cuervos, que hasta ese momento eran tan blancos como la nieve. Cuando una de estas aves observó aquella situación de deslealtad hacia Apolo, voló tan rápido como pudo para contárselo. Apolo en un arrebato de ira decidió matar a Coronea con una ráfaga de flechas. Coronea antes de morir pudo decirle a Apolo que dentro de su vientre llevaba un hijo suyo. Apolo desesperado y enfurecido con su actitud de arrebato y con el ave que le había transmitido la mala noticia, decidió cambiarle el plumaje a todos los cuervos y éstos se convirtieron en aves de color negro.

Apolo fue castigado por sus actos de violencia con el destierro durante nueve años del Olimpo. En este tiempo trabajó como pastor para el rey Admeto de Feras en Tesalia. También, estuvo sirviendo al rey Laomedonte en la construcción de las enormes murallas alrededor de la ciudad de Troya.

Pero la actividad delictiva de los dioses del Olimpo no estuvo sólo en manos del género masculino, también las diosas cometieron actos  criminales   -no iban a ser menos- así ocurrió con Artemisa, la hermana melliza de Apolo y diosa cazadora. Como joven virgen, Artemisa despertó el interés de muchos dioses y hombres, pero ninguno de ellos logró ganar su corazón, a excepción de su compañero de caza Orión, quien murió accidentalmente a manos de la propia diosa.

Artemisa era una diosa muy vengativa y propicia a la cólera, mató a las siete hijas de Níobe, la reina de Tebas y esposa de Anfión, porque ésta alardeó de su superioridad sobre Leto, porque había tenido catorce hijos (los Nióbides), siete varones y siete mujeres (a los varones los mató Apolo, como ya hemos dicho).

Artemisa mató también a Quione hija de Dedalión por su orgullo y vanidad atravesándole la lengua con una lanza, que le produjo una herida de la que moriría poco después, porque  Quíone, envanecida por su hermosura, tuvo la osadía de despreciar a Artemisa. Otra de las víctimas importantes de Artemisa fue la ninfa Calisto, a la que mató por orden de Hera (esposa de Zeus), quien quería castigarla por haberse dejado seducir por Zeus, como si la culpable fuese la seducida y no quien la sedujo. También mató a Acteón, un célebre cazador iniciado en este arte por el centauro Quirón, tras transformarle en un ciervo, hizo que los propios perros de Acteón, lo hicieron pedazos y devoraran sus carnes y, ello, porque Acteón la vio desnuda mientras se bañaba en los bosques cercanos a la ciudad beocia de Orcómeno.

Se ve que las diosas eran muy celosas de su intimidad, pues hasta las dulces y gráciles ninfas mataron a flechazos y puñaladas a Leucipo, hijo de Enómao rey de Pisa, porque disfrazado de mujer se metió al río Ladón a bañarse con ellas y descubierta su condición de hombre, despertó la ira del grupo, cometiendo en su persona un asesinato.

Otra diosa que tampoco se quedó corta en su actividad delictiva fue Atenea la diosa de la guerra, civilización, sabiduría, estrategia, de las artes, de la justicia y de la habilidad, la hija favorita de Zeus, nacida de su frente completamente armada después de que éste se tragase a Metis.

Esta diosa mató a los Gigantes Palante y Encélado. Una vez desollado el primero, se hizo una coraza con su piel; respecto al segundo, lo persiguió hasta Sicilia, donde lo inmovilizó arrojándole encima toda la isla. También castigó a Tiresias, quien la sorprendió bañándose desnuda, dejándolo ciego. La madre de éste, Cariclo, le suplicó que deshiciera la maldición, pero ello era imposible, por lo que Atenea concedió a Tiresias el don de la profecía y éste se convirtió en un famoso adivino.

Atenea era una diosa tremendamente vanidosa que no soportaba que nadie le hiciera sombra, como diosa de las artes y los oficios se la vinculaba al arte del hilado y el bordado. En una ocasión, una joven mortal originada de Lidia, llamada Arácnea, tuvo la osadía de desafiar a la diosa hilandera, y llegó a proponer un torneo con ella, la diosa herida en su amor propio por las pretensiones de Arácnea, hizo trizas su maravillosa labor y transformó a su rival en una vulgar araña.

Atenea también, injustamente, convirtió a la joven y hermosa Medusa hija del dios marino Forcis y el monstruo acuático Ceto (la única mortal de las tres gorgonas) en un monstruo con los cabellos de serpientes y con una mirada aterradora, que era capaz de convertir en piedra a cualquiera que se cruzara en su camino y, todo porque la joven tuvo la desgracia de ser violada en su tempo por el dios Poseidón, lo que Atenea consideró una profanación, como si la joven Medusa hubiera sido la culpable y no la víctima.

 

III.- Algunas valoraciones

Sobre este pequeño repaso que hemos hecho por la carrera delictiva de algunas de las deidades más importantes del Olimpo, podemos hacer algunas valoraciones:

La primera, como hemos podido comprobar, cometen delitos todas las deidades, tanto los dioses, como las diosas y, mientras más importante es la deidad más delitos comete ésta. Bien es cierto, que la tipología delictiva es diferente, pues la lascivia de los dioses les llevan a cometer innumerables delitos relacionados con el sexo, lo que en nuestro actual Código Penal se correspondería con el Título VIII ”Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales ”, delitos que no comenten las diosas.

La segunda, los delitos que cometen las deidades, raramente conllevan castigo alguno, salvo honrosas excepciones, los crímenes de los dioses quedan impunes, particularmente, si ese dios tiene una jerarquía superior. No así los delitos que cometen los mortales, sobre todo cuando la víctima del delito es un dios, esos delitos sí que reciben severos castigos, algunos de por vida.

La tercera, es curioso observar que las diosas son más crueles que los dioses en sus reacciones contra los humanos cuando se sienten ofendidas por éstos, especialmente, contra las mujeres mortales a las que consideran culpables, cuando en realidad son víctimas, como hemos tenido ocasión de comprobar.

Fuente.
http://cj-worldnews.com/spain/index.php/en/criminologia-30/justicia/item/2797-crimen-y-castigo-en-el-olimpo-de-los-dioses

anabel

La leyenda de Andromeda .

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Hoy quisiera contaros la leyenda de Andromeda, a todos nos sonará el porque se trata de una constelación pero, ¿sabemos de donde viene ese nombre? Según la mitología griega Andromeda era hija de Casiopea y Cefeo . Andrómeda, era considerada  la más bella de los mortales. Su madre, Casiopea estaba tan orgullosa de su belleza que se volvió arrogante. Llegó a vanagloriarse de que ella y su hija eran más hermosas que las mismísimas ninfas del mar: las Nereidas, hijas de Poseidón dios de las aguas. 

Las ninfas se enojaron porque una simple mortal fuera tan presuntuosa. Pidieron a su padre que castigará a la reina por su arrogancia. Por ello, Poseidón envió un diluvio y al monstruo marino Cetus, para asolar las tierras de Filistia.Los reyes, temiendo la destrucción de su pueblo, consultaron al Oráculo de Amón, el cual les dijo que la única esperanza de salvación era sacrificar a su hija Andrómeda al monstruo. Viendo que era la única forma de mantener el reino, los reyes accedieros a encadenar a la hermosa Andrómeda a unas rocas de la playa para que Cetus acabara con su vida, pero se prometieron que, si alguien la salvaba, le concederían la mano de la doncella.

Encadenada frente al mar, Andrómeda vió aparecer al monstruso Cetus. Pero, afortunadamente para ella, sus gritos y lamentos llegaron a los oídos de Perseo que acertaba a pasar por allí a lomos del caballo alado Pegaso.

Perseo, el sobrino del rey de la ciudad de Argos, la vió y se enamoró rápidamente de ella. El prometió que rescataría a Andrómeda si sus padres le permitían casarse con ella. Casiopea y Cefeos aceptaron.

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Perseo, que acababa de cortar la cabeza de Medusa, viendo que una hermosa mujer estaba encadenada a unas rocas, y que un terrible monstruo marino se acercaba inexorable hacia ella, se lanzó en picado y cerrando los ojos extrajo la cabeza de la Gorgona del zurrón donde la tenía guardada y se la mostró al monstruo. Cetus, al ver a Medusa, quedó petrificado al instante hundiéndose sin remedio en las claras aguas del Mediterráneo. 

El héroe introdujo de nuevo la cabeza en el zurrón teniendo cuidado de que Andrómeda no la mirara directamente. Después la desencadenó y ella cayó en sus brazos. Cuando se miraron a los ojos se enamoraron de inmediato.Pero Casiopea no estaba decidía a cumplir la promesa e intentó acabar con la vida de Perseo. Zeus decidió colocar en el cielo las imágenes de Cefeo y Casiopea, y como castigo por su traición y por su arrogancia, Poseidón colocó a la reina  Casipoea sentada en su trono en el cielo de tal forma que en algunas estaciones del año se pusiera boca abajo dándole un aspecto ridículo a la reina que había osado considerarse más bella que las Nereidas.

Andrómeda insistió que la boda se celebrara. Por desgracia, sus padres habían olvidado la promesa hecha a Perseo. Después del casamiento, Andrómeda se fué de su país para vivir con Perseo quién llegó a ser el rey de Tirens y Micena. La diosa Ateneas colocó la imagen de Andrómeda entre las estrellas como premio por haber mantenido la promesa de sus padres.

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Finalmente, Perseo y Andrómeda se casaron y regresaron a Grecia. Atenea, conmovida por la hermosa historia de amor entre Perseo y Andrómeda colocó sus imágenes juntas en el cielo, cerca de Casiopea y Cefeo, y del caballo alado Pegaso y del monstruo marino Cetus. Es representada en el cielo del hemisferio norte por la constelación de Andrómeda, que contiene la galaxia de Andrómeda.

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Fuentes utilizadas :
http://sobregrecia.com/2009/02/06/la-leyenda-de-andromeda/

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%B3meda_(mitolog%C3%ADa)

http://www.windows2universe.org/mythology/andromeda.html&lang=sp

anabel

Un mito de primavera: El rapto de Persefone.

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Desde los tiempos más remotos, el hombre, cuando no puede comprender el mundo externo que lo rodea, crea representaciones míticas. Así, la humanidad ha llegado ha mitificar desde la salida y la puesta del sol hasta los fenómenos atmosféricos, el crecimiento de las plantas, el nacimiento y la muerte.

La primavera es la estación del renacimiento… así lo entendieron la gran mayoría de las religiones antiguas y, a partir de ello, levantaron muchos de sus mitos. En este contexto, la primavera es vista como lo muerto que renace. Una vez más ocurre el milagro: de los arboles deshojados renacen nuevos brotes y, una vez más, hay cosecha, es decir, vida.

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Mahoma decía: “No hay gota en los mares, ni fruto en los árboles, ni planta en la tierra que no tenga en cada semilla un ángel que cuide de ella”. La naturaleza está entonces ligada a lo sagrado y protegida por los guardianes de dios para que al hombre no le falte el sustento. Para algunos pueblos eslavos y escandinavos, por ejemplo, los templos consagrados a sus dioses eran bosques, lagos y árboles sagrados, pero todos celebraban festivales que podían durar semanas porque para todos los pueblos la primavera siempre era algo festivo.

Las diosas Démeter y Perséfone representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y la emergencia cíclica. En la antigua Grecia, el primer día de la primavera era el día en que Perséfone, prisionera bajo tierra durante seis meses, volvía al regazo de Deméter, su madre.

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Cuenta Homero que en el sureste de Europa hubo un tiempo en el que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno, ni la tierra yerma, ni el hambre. La artífice de tanta maravilla era Démeter, la cuarta esposa de Zeus. De este matrimonio nació Core, luego llamada Perséfone. Se trataba de una hermosa joven adorada por su madre que solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar.

Un día, pasó por allí el terrible Hades, el dios de los infiernos,  con su temible carro tirado por caballos. Se encandiló con Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, su territorio. Deméter, al no encontrar a su hija y con una antorchas en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches.

Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a confesarle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra. Esta se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, se seca y las plantas no crecen. Ante este desastre Zeus se vio obligado a intervenir pero no pudo devolverle la hija a su madre.

Es que Perséfone ya había probado el fruto de los infiernos (la granada) y por eso le era imposible abandonar las profundidades y regresar al mundo de los vivos. Sin embargo, se pudo llegar a un acuerdo: una parte del año Perséfone lo pasaría con su esposo y, la otra parte, con su madre.

Lo que este mito indica es que cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno.

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Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones y así explicaban los griegos la sucesión de ellas: el otoño y el invierno son tristes y oscuros como el corazón de Deméter al estar separada de su hija. La alegría y la serenidad retornan cuando vuelve con ella, es decir, cuando comienza la primavera.

Mitología griega. Narciso, el mas bello.

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Admirado por todo el mundo, envidiado por los hombres, amado por todas las muchachas griegas, a las que utilizaba a la vez que despreciaba, motivo que lo llevó a la perdición .

Narciso es hijo del dios del río, Cesifo y de una encantadora ninfa Liriope. Cuentan que el rey de los rios se encapricho de la ninfa y que aprovechando que era un dios, consiguió su deseo y la desposó. Poco tiempo después Liriope quedo encinta.

El día marcado por el destino, dio a luz un muchacho al que decidieron ponerle el nombre de Narciso. En aquellos entonces era tradición llevar a los recién nacidos para ver su futuro.

Cefiso y Liriope como sentían curiosidad por saber lo que le deparaba el destino al pequeño Narciso, fueron a preguntar al vidente ciego Tiresias. “Vivirá muchos años” dijo el sabio “pero ay de él si mira su propio reflejo, pues será su perdición”.

Despues de aquello, su madre hizo que se retirasen todos los espejos de la casa y se guardaran o quemaran. Pasaron los años y Narciso creció sano y fuerte, y más hermoso que ningún otro niño de su edad. De tanto oir como le decían lo hermoso era que empezó a creer que su belleza era fuera de lo común.

Todos estaban enamorados del hermoso muchacho, provocaba admiración en todos a cuantos le rodeaban . Siendo niño, sus niñeras caían rendidas a sus pies y, cuando habia cumplido dieciséis años, todas las mujeres de la ciudad suspiraban por él. Aunque él creía que ninguna era ni suficientemente buena ni bella para él.

Un día, su vecina Aminías, no pudo aguantar más y confesó a Narciso cuánto lo amaba en secreto. Le confeso el deseo que sentia por el y le pidió que fuera su amante. Narciso no contestó ,mando a un sirviente, para que le entregara una daga como respuesta. Cuando Aminías recibió aquello entendió el significado del regalo de Narciso y con esa daga puso fin a su vida. No sin antes rogarle los dioses que su ira cayese sobre Narciso. Y antes de morir le echó una maldición. En el amor recibiría el mismo desdén con que él había tratado a los demás.

Eco era la ninfa de una montaña, ésta ayudó una vez a Zeus distrayendo a Hera manteniendo con ella una conversación de temas intrascendentes cuando ésta se acercaba al lugar donde el dios del trueno estaba formulando sus votos matrimoniales.

El ardid de Eco daba el tiempo justo a los invitados de Zeus para que pudiesen abandonar el lugar sin que Hera se diera cuenta.

Cuando Hera se dio cuenta del engaño , estalló en cólera : “¡Que esa lengua maléfica permanezca silenciosa de ahora en adelante! Permanecerás en silencio y sólo hablarás cuando te hablen, y hablarás como mucho con sonidos cortos!”.
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Una mañana, justo cuando el joven estaba luchando con un ciervo al que acababa de capturar en sus redes, Eco se encontró con Narciso. No podia decir nada tenia que conformarse sólo con mirarle.

Y así, se llevo un buen rato, admirando la belleza del joven. Por sus venas, corrió el deseo. Deseaba con todas sus fuerzas poder seducir al hermoso joven con sus dulces palabras, pero sólo pudo mover sus labios en vano.

Narciso notó que le miraban. “¿Quién eres?” gritó.

“Eres” respondió Eco, que sólo acertaba a repetir lo que le decían.

“Déjame verte” dijo el muchacho.

“Verte” dijo Eco.

Intrigado, Narciso gritó: “¿Cómo te llamas?”.

“Llamas”, contestó la ninfa. Siendo incapaz de contener su deseo, salió de su escondite y se arrojó sobre el hermoso joven. Su cuerpo se encontraba jadeante sobre el de Narciso, quien, como ya estaba algo acostumbrado a estos comportamientos, se liberó rápidamente de su abrazo. Cuando se puso en pie salio corriendo perdiéndose en lo más profundo del bosque, dejando sus redes tras él.

Durante el camino, Eco le siguió, intentando llamarle para disipar sus miedos, pero no pudo producir sonido alguno. El muchacho desapareció rápidamente de su vista. Durante semanas, la ninfa vagó por el bosque en búsqueda de su amado, sin comer y sin apenas dormir.
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En poco tiempo adelgazo mucho, tanto, que dicen que se puso tan delgada que de ella nada quedó que se pudiese ver con los ojos. Cuentan que hoy en día, vaga por las montañas del mundo buscando a Narciso. La puedes encontrar las quebradas más pedregosas y en los valles más profundos. Si la llamas a gritos te contestará, pero sólo con las mismas palabras que le hayas dicho. Desde que la maldijo Hera, solo puede comunicarse así.

Una tarde, alrededor de un mes después de su encuentro con Eco, Narciso se encontraba en un bosque apartado en lo alto del monte Helicón. Llevaba todo el dia de caza y se encontraba cansado. Narciso cayó de rodillas, frente a él, corría un manantial de aguas claras y profundas. La superficie, gracias a la luz recibida a través de las copas de los árboles, era un espejo perfecto.
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Narciso nunca había visto su imagen , solo conocía su sombra, pero jamás había visto su reflejo. Estando en el suelo , se inclinó hacia delante y miró en el manantial, quedó asombrado por la imagen de insuperable belleza que le miraba. Jamas había visto una cara tan hermosa mirarlo de esa manera. Por primera vez en su vida, se enamoró.

Se inclinó hacia abajo para besar y abrazar al joven del manantial. Pero sus labios y sus brazos sólo hallaron agua. No tardo mucho en retirarse pero el reflejo del agua desapareció. El joven Narciso creyendo que su amado había huido de él como él empezó a llorar. Pero, a medida que las ondas se iban desvaneciendo, la hermosa cara apareció de nuevo. “No me abandones, hermoso amigo”, rogó. “¡Quédate, amor mío!”

De nuevo, Narciso se inclino para tocar el cuerpo que había en el agua, pero la imagen se volvió una vez más borrosa cuando su mano tocó la superficie. Seguro como estaba ahora de que acababa de perder a su verdadero amor, se tiró del pelo y se arañó la garganta. Cuando se calmó y las aguas se aclararon, una vez más, apareció la cara del amado, ahora herida y desencajada. Se sintió aterrado y lloró.
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Se hizo de noche pero Narciso no se movió. No tenía ojos más que para el joven del manantial. Las primeras luces del día le sorprendieron mirando intensamente en las profundidades del agua. La cara que apareció poco a poco era demacrada y ausente. Desplazó su mano al agua para acariciar esa mejilla, ahora tan preciada, y surgieron nuevamente sus frustraciones del día anterior.

“Te quiero, te quiero” gritó mil veces al manantial. La cara, igual que la de Eco, movió sus labios pero no emitió sonido alguno. Cuentan que se inclino para besar su reflejo y murió ahogado en las aguas del manantial . Las ninfas de la montaña le encontraron y le habrían enterrado pero, cuando preparaban el funeral, su cuerpo se desvaneció y, donde yacía, se abrió una flor de pétalos dorados con delicados matices blancos a la que se conoce hoy día como Narciso.
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Las arpías

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Las arpías son hijas de Taumante y de Electra, son tres: Aelo, llamada también Nocotoe, “la de los pies rápidos”; Ocipete, “la de vuelo rápido” , y Celeno, la oscura. Son mujeres dotadas de alas o aves con cabezas femeninas. Sus garras son afiladas y crueles.

Son servidoras de Zeus, se apoderan de los niños y de las almas. Fueron criadas por Afrodita, pero un día que esta se ausento aprovecharon para secuestrar a las hijas de Pandareo y de entregárselas a las Erinas.

Se las representa sobre tumbas llevando a cabo sus fechorías. Saben muy bien como torturar y maldecir a sus víctimas, uno de ellos fue el rey Fineo. Cuando este se harta de que todo se cubra con excrementos y que incluso estas le arrebataran los alimentos, pide a los argonautas que le presten ayuda y estos empiezan a perseguirlas.

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Se decía que las arpías solo podían morir en manos de las Boreadas y que estos si no podían alcanzarlas morirían en el intento. La primera de ellas cayo en un río. Pero Isis, el arco iris que es mensajero de Zeus se interpone. A cambio de salvarlas deberían prometer liberar al rey Fineo de la maldición.

Las arpías se unieron con el dios Céfiro, juntos engendraron a los caballos de Aquiles, llamados Janto y Valió, y a los dos caballos de los Dioscuros, llamados Flogeo y Harpago.

Las arpías simbolizan el hostigamiento de los vicios, la crueldad extrema y la obsesión por la maldad. Son tan rapidas como el viento y tan espantosas como la tempestad. Sus brutalidades son a menudo incomprendidas hasta por los mismos dioses. Únicamente los hijos de Bóreas, el viento, logra darles caza.