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​SAINT-GERMAIN. EL CONDE INMORTAL

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Entre 1880 y 1900, el nombre del conde de Saint-Germain, se hizo prominente una vez más cuando los miembros de la Sociedad Teosófica, incluyendo la famosa mística Helena Blavatsky, afirmaron que aún estaba vivo y trabajaba el “desarrollo espiritual de Occidente”. Hay incluso una fotografía supuestamente auténtica de Blavatsky y Saint-Germain juntos. En 1897, una famosa cantante de la época francesa  Emma Calvé dedicó un retrato autografiado de sí misma al famoso conde que aparentaba tener unos cuarenta años, a pesar de haber nacido supuestamente más de dos siglos atrás.
Virtuoso violinista, pintor, político, alquimista, inmensamente rico, sus amigos, que desconocían totalmente su procedencia, afirmaban que nunca lo había visto comer,  el conde de Saint Germain apareció aparentemente de la nada, sin registro de nacimiento o documentos que justificaran su identidad. La leyenda del misterioso conde se extendió por toda Europa durante cientos de años de un noble que afirmaba tener más de 300 añosos, se le relacionó con  rosacruces, masones, templarios o iluminatis. El filósofo Voltaire dijo en cienrta ocasión refiriéndose a Saint-Germain “es un hombre que nunca muere y que lo sabe todo” ,

Según algunos registros el conde nació en 1690, y según la teósofa inglesa Annie Besant era hijo de Francis Racoczi II, príncipe de Transilvania. Aunque algunos sostienen que ya estaba vivo en la época de Jesús, que asistió a la boda de Caná y que tuvo un papel influyente en el Concilio de Nicea en el año 325 d.C.

  Saint-Germain fue conocido en la alta sociedad europea en 1742. Él acababa de pasar cinco años con el shah de la corte de Persia, donde aprendió el oficio de joyero. La realeza y los poderosos estaban encantados con sus altos conocimientos de la ciencia y la historia, su capacidad musical, su encanto natural y el ingenio. Hablaba varios idiomas con fluidez, incluyendo holandés francés, alemán, español, portugués, ruso e inglés, el griego antiguo y el sánscrito. Pero fue en 1760 cuando se originó la idea de que Saint-Germain podría ser inmortal. En París ese mismo año,  una anciana condesa oyó que un conde de Saint-Germain había llegado para una velada en la mansión de Madame de Pompadour, la amante del rey Luis XV de Francia. La Condesa tenía mucha curiosidad porque ella había conocido a un conde de Saint-Germain, en Venecia en 1710. Al encontrarse con el de nuevo, ella se sorprendió al ver que no había envejecido y le preguntó si era el hijo del conde que ella conoció en Venecia.

 “No, señora”, respondió el conde de Saint-Germain, “pero yo vivía en Venecia a finales del siglo pasado y comienzos de este, he tenido el honor de haberla conocido bella y hermosa”. La condesa perpleja dijo:

“¡Perdóneme, pero eso imposible! El conde de Saint-Germain que conocí en aquellos días tenía por lo menos cuarenta y cinco años. Y es la misma edad que tiene usted.”

El conde con una sonrisa de complicidad le respondió: “Señora, yo soy muy viejo”. La condesa asombrada le dijo que debería tener “100 años”. El conde consiguió convencer a la condesa de que era el mismo hombre que ella conoció en Venecia, dándole todo tipo de detalles de sus encuentros anteriores y de la vida en Venecia 50 años atrás.

Convertido en diplomático de la corte de Luis XV, en 1760 en La Haya,  se reunió con Giacomo Casanova. Casanova dijo de Saint-Germain, “Este hombre extraordinario… estoy seguro de que tenía 300 años, y que conocía el secreto de la medicina universal, que poseía un dominio sobre la naturaleza, que podría derretir diamantes”.

En 1762 viajó a Rusia, donde se dice que fue cómplice de una conspiración que puso a Catalina la Grande en el trono. Más tarde también fue el informante de los ejércitos imperiales de Rusia en la guerra contra Turquía, que ganaron.

 En 1774 regresó a Francia, cuando Luis XVI y María Antonieta ocuparon el trono. Al parecer les advirtió de la revolución que estaba por venir 15 años después.

En 1779 se trasladó a Hamburgo, Alemania, donde tuvo una gran amistad con el príncipe Carlos I de Hesse-Kassel. Los siguientes cinco años, vivió como un invitado en el castillo del príncipe en Eckernförde. El conde de Saint-Germain pasó sus últimos años, en Hamburgo (Alemania), escribiendo un manuscrito conocido como “La Tres Sainte Trinosophie”, un clásico de la literatura ocultista. El libro está escrito en una mezcla de jeroglíficos y con lenguaje moderno, considerado por muchos la biblia del ocultismo. Y, según los registros locales, Saint-Germain murió el 27 de febrero de 1784. Aunque aquí no acaba su leyenda.

Cuentan que en 1785 se le vio en Alemania con Franz Anton Mesmer, el conocido hipnotizador. Algunos dicen que fue el propio Saint-Germain que le enseñó a Mesmer las líneas básicas para el hipnotismo y el magnetismo personal. Los registros oficiales de la masonería muestran que eligieron a Saint-Germain como su representante para una convención en 1785.

Tras la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa en 1789, la condesa d’Adhemar dijo que tuvo una larga conversación con el conde de Saint-Germain. Supuestamente le advirtió del futuro de Francia. En 1821, ella escribió: “He visto a Saint-Germain de nuevo, lo vi cuando la reina Antonieta fue asesinada, al día siguiente de la muerte del Duque de Enghien en enero de 1815, y en la víspera del asesinato del Duque de Berry”. La última vez que lo vio fue en 1820 y siempre parecía ser un hombre de no más de 40 años.

La aparición más reciente de un hombre que dijo ser de Saint-Germain fue en 1972 en París, cuando un hombre llamado Richard Chanfray anunció que él era el legendario Conde. Apareció en la televisión francesa, y para demostrar su afirmación aparentemente convirtió el plomo en oro en una estufa de acampar frente a las cámaras. Chanfray, según dicen, se suicidó en 1983. ¡O quizás no!

Fran González 

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Sección:  Personajes de la Historia en LOS MISTERIOS DE ANAIS.

El fenómeno deja’ vu (441)

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¿Quien no ha tenido nunca la sensación de estar viviendo una experiencia ya vivida? En muchas ocasiones al pasear por la calle, en el trabajo o con los amigos, asalta la impresión desconcertante de conocer esa situación pero se desconoce la razón.

Esa extraña sensación de haber vivido antes una determinada situación es llamada por los franceses déjà vu, que quiere decir “ya visto”. Este nombre se debe a un científico francés de finales del año 800, Emile Boirac. Pero esta manera de denominarla es considerada poco apropiada por muchos estudiosos, que consideran que sería más apropiada llamarla déjà vecu, es decir “ya vivido”.

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Los expertos llevan muchos años estudiando cuál puede ser la razón que explique el déjà vu; de hecho, San Agustín ya investigó el tema. Se debe a un error de nuestro cerebro difícil de explicar. El déjà vu es una sensación que casi todo el mundo ha sentido alguna vez. En todas sus manifestaciones se caracteriza por unos rasgos en común.

Por un instante

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El 80% de las personas ha tenido alguna vez la sensación de estar viviendo una experiencia vivida anteriormente. En la mayor parte de las ocasiones se trata de una experiencia que dura tan sólo unos segundos, pero que el individuo que la vive puede sentir como más larga debido a la sensación de intranquilidad que le invade. Este nerviosismo suele desaparecer en el momento en que finaliza el fenómeno, como mucho unos minutos después.

Los hechos son reconocidos inmediatamente. Sin embargo, le resulta imposible ubicar en el pasado una situación igual, y cuanto más se esfuerza en reconocerlo, más se desvanece. Además, no se trata de recordar una cara, un sitio o un olor, sino una experiencia entera.

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Sensación inquietante

A pesar de que es algo conocido o familiar, no resulta tranquilizante, sino todo lo contrario. Hay que tener en cuenta que se rompe el orden cronológico que estamos acostumbrados a seguir. De repente el presente se transforma en pasado.

En muchas ocasiones el hecho de reconocer los acontecimientos presentes como ya vividos, hace que se considere capaz de saber qué va a ocurrir después. Pero no es así, porque se trata de un hecho aislado que sólo dura unos segundos.
La explicación de los científicos

Tras muchos años intentando buscar una razón que explique el déjà vu, los expertos que estudian el funcionamiento de la mente no han llegado a una conclusión definitiva y unánime.

Los psicoanalistas opinan que es fruto de los sueños diurnos, de las fantasías inconscientes de la persona. No es un hecho que suceda por azar, sino que suele estar relacionado con algo de gran importancia para el sujeto, hemos soñado con una situación y al ocurrir realmente nos resulta conocida.

Los psicólogos y los neurólogos lo consideran una alteración de la memoria, en el cerebro se activan por error los circuitos neuronales responsables de la sensación del recuerdo. Por eso se “recuerda” algo que realmente no ha pasado.

Otra opinión menos extendida dice que es una alteración de la percepción.

También está considerado como un fallo en la interpretación de los hechos en el tiempo. Una incapacidad de establecer primero una secuencia y luego otra, se debe a un retraso entre lo que estamos viendo y el tiempo que tarda nuestro cerebro en registrar el momento.

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Algunos estudios establecen que en la mayoría de los casos se da en personas con una capacidad de atención baja; personas cansadas y con estrés. En situaciones de poca concentración cerebral, el subconsciente capta una experiencia antes que el yo consciente, de manera que para cuando esto último ocurre, la experiencia se encuentra ya en la memoria y el yo consciente la identifica como un recuerdo, pero realmente lleva muy poco tiempo en la memoria.

Otras explicaciones.

Al margen de los estudios científicos, el carácter desconcertante del déjà vu ha dado lugar a una serie de teorías relacionadas con la metafísica, la reencarnación y los poderes ocultos.

Dentro de este campo la explicación más extendida está relacionada con la reencarnación del alma. En una segunda vida el individuo no es capaz de recordar su vida anterior, pero si puede tener breves recuerdos, como ocurre en el déjà vu.

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También se considera como una prueba de tener poderes especiales. Muchas veces la sensación de revivir el pasado desemboca en la creencia de que se puede predecir lo que va a suceder. Ha sido relacionado también con la telepatía y como prueba de poderes ocultos.

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Reencarnación pruebas científicas.

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El Libro Tibetano de los Muertos enseña una serie de técnicas, desde respiraciones, visualizaciones y mantras, para abordar el viaje de la muerte y no regresar a la vida. De la misma forma que algunas personas describen visiones de luz durante experiencias cercanas a la muerte, El Libro Tibetanto de los Muertos o Bardo Thodol habla de una Luz Radiante, la cual el viajero, o psiconauta, debe de seguir para no regresar a la rueda del karma y a la ilusión de sus pensamientos, de su ego. Recuerdo haber leído el prólogo de una edición de este libro que contaba con una introducción de Carl Jung, en el que se mencionaba la respuesta de un monje a la pregunta de que no había ninguna evidencia de la reencarnación ya que nadie había regresado de la muerte, a la que el monje había respondido tranquilamente :”Pero al contrario todos hemos regresado de la muerte”.

El bioquímico y profesor de psiquiatría canadiense Ian Stevenson dedicó gran parte de su vida al estudio científico de la reencarnación. Durante más de 40 años Stevenson estudió más de 3 mil casos de niños que parecían recordar experiencias de otras vidas, documentando lo que decían y cotejando datos con las vidas de las personas que decían haber sido.

Stevenson, amigo del escritor inglés Aldous Huxley, fue uno de los primeros científicos en experimentar en los 50s con LSD, una experiencia que transformó su vida. En 1957 fue nombrado Director de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Virginia, una de las pocas universidades que realizan estudios paranormales. En 1967 el inventor Charles Carlson donó un millón de dólares a la Universidad de Virginia y otro más a Stevenson para fondear su investigación.

A diferencia de aquellos que usan la hipnosis como método para obtener información sobre supuestas vidas pasadas, Stevenson basó sus estudios en niños de 2 a 4 años que al parecer pueden recordar episodios de sus vidas anteriores y proveer datos que pueden ser comprobados. Muchos de los casos de Stevenson parecen ser detonados por una muerte violenta. En varios casos recopiló testimonios y registros médicos relacionados a marcas de nacimiento y deformaciones congénitas que parecían corresponder al tipo de muerte descrito por los niños y regristradas en las autopsias de las personas que decían ser.

Según Stevenson entre los 5 y 7 años los niños empiezan a perder la memoria de sus vidas pasadas.

Uno de los casos más interesantes es el de la niña Swarnlata Mishra, nacida en Pradesh, India, en 1948. A los tres años Swarnlata ya le había dado datos a su familia que hacían posibles la identificación de su familia pasada, esto mientras iba de viaje con su padre por el pueblo de Katni al que le sugirió que fueran a “tomar un mejor té a su casa”.

Lo extraordinario de este caso es que la memoria de Swarnlata no se disolvió con el tiempo, en 1959 el Profesor Sri H. N. Banerjee, colega de Stevenson, tomó el caso y fue capaz de encontrar, a partir de la información dada por la niña, la casa en Katni donde había vivido Biya Pathak, la mujer que según Swarnlata había sido en su vida anterior, y que había muerto en 1938.

Días después Biya-Swarnlata fue llevada a su antigua casa para conocer a su familia pasada, a quienes reconcoió y reveló secretos como decirle a su ex esposo Sri Pandey que tenía escondidos 1200 rupias en una caja o que había tenido dientes de oro. En sus documentos Stevenson describe el asombro de todos los presentes y la actitud maternal que tomó Biya Swarnlata con sus hijos llamándolos por sus apodos de cariño.

Stevenson vistó a Biya-Swarnlata en 1961 y presenció una visita a su antigua familia, asombrado por el cariño con el que se relacionaban.

Según el colega de Stevenson y continuador de sus estudios, Peter Ramster, el caso más contundente es el de niña australiana, Gwen McDonald, que sostiene haber sido Rose Duncan, una mujer de Somerset, Inglaterra, que vivió al final del siglo XVIII. Según Ramster, la niña describío varias locaciones de casas que ya no existen, poblados y personas que después de una extensa investigación fueron comprobadas. Este caso fue revisado por el Dr. Basil Cottle de la Universidad de Bristol.

Como este caso parecen haber cientos, uno de los más actuales es el expuesto en el siguiente video de ABC, en el cual un niño en Estados Unidos con una extraña afición por los aviones de guerra reveló a sus incédulos padres datos fidedignos sobre un piloto que murió en la Segunda Guerra Mundial.

Aunque toda la evidencia que recopiló a lo largo de su vida hizo que Ian Stevenson creyera firmemente en la realidad de la reencarnación o transmigración, jamás pudo formular una teoría convincente de cómo es que ocurre la transferencia de una personalidad a otro cuerpo. Al menos no científicamente. Su colega de la Universidad de Virginia argumenta que ya que el acto de observación se colapsa la función de onda, podría ser que la conciencia no sea solamente un subproducto del cerebro físico sino una entidad separada en el universo que puede imbuirse a un cuerpo y de esta forma existir depués de la muerte del cerebro.Usa la analogía de como una televisión es requerida para decodificar una señal pero no produce la señal, de la misma forma el cerebro podría ser solamente el sintonizador de la conciencia.

La creencia en la transmigración de las almas o metempsicosis, usando el término griego, es parte de la historia del pensamiento humano, desde el hinduismo y la mayoría de las religiones orientales hasta incluso el primer cristianismo (Justiniano tuvo que abolir la creencia en la reencranación en el año 549). Grandes mentes de la humanidad han sostenido la existencia de la reencarnación: Pitágoras famosamente reconoció a un amigo al ver a un perro; Platón en “La República” habla de que las alams antes de nacer escogen su vida futura; el filósfo alemán Schopenhauer fue influenciado por los Vedas y formuló una visión dual entre la Voluntad (el mundo real) y la Representación (la ilusion) en la que la reencarnación era ; el psicólogo Carl Jung habla en su libro “Memorias, Sueños, Reflexiones” de que de niño recordaba haber sido un hombre muy viejo del siglo XVIII.

Sin embargo la ciencia establecida y la mayor parte de la sociedad parece evitar el tema, exista o no evidencia, parece preferir no indagar demasiado. El escritor inglés Alan Watts habla de que en una sociedad como en la que vivimos una de las grandes formas de control que tiene el estado es el miedo a la muerte de los ciudadanos, si no existe miedo a la muerte, a lo desconocido, no hay de donde sujetarnos. “El arte del gobierno es llenar el vacío más allá de la muerte con amenazas no especificadas para poder controlar a la gente dicendo ’si no haces lo que digo te mato, o te mataras a ti mismo’, y mientras tengamos miedo de eso y pensemos en la muerte de esa forma podremos ser controlados”. ¿Pero que sucede cuándo ya no le tenemos miedo a la muerte, cuando conocemos lo desconocido?

Fuente: www:claveantropologica.blogspot.com